Asesorías gratis, no doy

Uno aprende a base de desvelos, de darle mil vueltas a un problema, de gastar en cursos carísimos o de meter la pata mil veces hasta que por fin le sale. Y justo cuando ya le agarras la onda a eso que tanto te apasiona o para lo que eres buenísimo, de repente, ¡pum! Alguien te suelta la frase mágica: “Oye, ¿no me podrías dar unas asesorías gratis rapidito? Es que quiero hacer esto mismo que tú, pero no sé ni por dónde empezar”. Y ahí es cuando uno se queda con cara de “pues mi trabajo me costó, ¿verdad?”. No es que uno sea sangrón; es que el conocimiento y la experiencia valen oro, y ese oro se forjó con mucho esfuerzo.

El valor de lo que uno sabe (y lo que le costó aprenderlo)

Piensa en todas esas horas que le metiste a tu pasión o a tu carrera. Las noches sin dormir investigando, el dinero invertido en herramientas o cursos, la frustración de cuando algo no salía y la alegría cuando finalmente lo dominabas. Todo eso es parte del camino. Cuando alguien te pide asesorías gratis, es como si te pidiera que le regales un pedacito de todo ese esfuerzo y tiempo que ya no regresan. Tu conocimiento no es algo que se genere de la nada; es el resultado de un proceso, de una inversión personal que tiene un valor intrínseco. No es egoísmo; es reconocer el valor de tu propio crecimiento.

“Asesorías gratis”: ¿dónde está el truco?

A veces, la gente piensa que pedir una asesoría rápida no es para tanto. Pero una “asesoría rápida” a menudo se convierte en un compromiso de tiempo considerable, donde el que pide espera soluciones hechas y sin costo. No se trata de cerrar la puerta a la gente, sino de enseñar a valorar la experiencia que te costó adquirir.

  • Desgaste de tiempo: Cada minuto que dedicas a explicar algo de cero es tiempo que podrías estar usando en tus propios proyectos, en tu familia o, ¡qué mejor!, en tu propio ocio. Es tiempo valioso que, al final, no te será remunerado.
  • Infravaloración del trabajo: Cuando ofreces tu conocimiento sin costo, sin quererlo, envías el mensaje de que ese saber no tiene un valor monetario, lo cual es incorrecto. Tu habilidad es el fruto de tu esfuerzo y merece ser valorada.
  • Falta de compromiso: Quien recibe algo gratis, a veces no lo valora de la misma manera que algo por lo que ha pagado o invertido. No hay la misma piel en el juego, ni el mismo nivel de seriedad para aplicar lo aprendido.

Cuando tu ocio se vuelve una profesión

Hay quienes tienen un pasatiempo que, de tanto practicarlo y perfeccionarlo, se vuelve algo que otros quisieran aprender. Quizás seas un máster en la fotografía de atardeceres, un gurú de la mixología casera, o el rey de las manualidades con materiales reciclados. Si has llegado a ese punto, es porque le has echado un chorro de ganas. Y si otros quieren aprender de ti, es válido que tu tiempo y tu expertise tengan un costo. No porque seas “mala onda”, sino porque es justo que se reconozca el camino que recorriste para llegar hasta ahí. Es una manera de dignificar tu esfuerzo y de seguir invirtiendo en tu propio crecimiento. Las asesorías gratis pueden ser una puerta a la desvalorización de tu valioso tiempo.

Ponle valor a lo que sabes

Decir “no” a las asesorías gratis es poner un límite sano. Es una señal de que valoras tu tiempo, tu energía y todo lo que te costó adquirir ese conocimiento. Y créeme, la gente que de verdad valora lo que haces, entenderá. Quien realmente necesita tu ayuda y ve el valor en tu expertise, estará dispuesto a invertir en ello. Si alguien no lo está, quizás no era la persona adecuada para recibir tu sabiduría o no estaba listo para comprometerse. Lo importante es que tú te sientas bien con la decisión y que tu trabajo sea reconocido como se merece.

Al final, se trata de una cuestión de respeto: hacia uno mismo y hacia el camino que nos llevó a dominar un arte o una habilidad. Compartir es bonito, y siempre habrá momentos para ayudar de forma desinteresada. Pero cuando se trata de una asesoría que implica un conocimiento profundo y un tiempo valioso, está perfectamente bien ponerle un precio. Así, tanto el que enseña como el que aprende, valoran el proceso y los resultados. ¡A seguirle echando ganas y a que nadie te baje el precio a tu valioso trabajo!

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com