Yo y el gym

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De mis relaciones disfuncionales más duraderas, es la que tengo con el gym la más larga, sí, el mismo gimnasio al cual he ido por casi una década de manera religiosa y obsesiva; un lugar muy importante un tiempo de mi vida en el cual un par de años llegaba a pasar 5 horas continuas o a veces iba 2 horas por la mañana y 3 por la noche. Un lugar que para mí fue un santuario, el lugar del que nunca quería salir y del cual siempre hablaba; como esas personas que siempre hablan de su loquero, yo siempre hablaba de mi gym, las personas que ahí conocía y las interacciones que yo tenía.

Una relación de amor-odio y codependencia que me ha perseguido por 10 años; un lugar que me gusta y me enferma como no tienen idea; ya saben componentes ideales para que yo no deje ese lugar, porque en mi mente esas relaciones son las que disfruto más, aunque sea con el gimnasio. Supongo que estoy algo mal de la cabeza, porque mis relaciones más duraderas son con un edificio y con mi celular.

Motivo por el cual seguramente siempre hablo del gym, que estoy en el gym o que me dirijo al gym, ya solo me falta hacer check-in diario para cerrar con ese círculo vicioso; supongo que ya los tengo hartos a todos con mi falta de repertorio de temas o anécdotas, digo, yo pienso, y si alguien siempre me contará de alguna estúpida estupidez que le paso en el gym, pensaría, por dios, no tiene cerebro o vida, indistintamente, que siempre cuenta sus bobas aventuras en el gym, JA.

Y como que últimamente me he dado cuenta que ahí me pasan cosas tan increíbles o poco comunes que me atrevo a sospechar que paso más del tiempo necesario allí de lunes a viernes, si, esa fue la pista que necesitaba para sospechar y ahora comprendo que pelearme por un trampolín, tenerme que fumarme gemidos sexuales de un tipejo que entrena en mayas y todas esas cosas propias de un gym, cosas que con el tiempo las descubres, me hicieron sospechar que soy gym-aholic.

Lo que quiero decir es que cuando pasas mucho tiempo en un lugar, descubres esas cosas raras; creo que si pasara la misma cantidad de tiempo en una biblioteca, en una escuela o en una cafetería respectivamente, es seguro que tendría anécdotas con ñoños de bibliotecas, me quejaría de mis maestros y/o compañeros y seguramente descubriría que en una cafetería pasan cosas extrañas, según el caso, y en cada uno de esos escenarios me preguntaría siempre:

¿Qué fue lo que paso?, neta que alguien me diga que pedo.

Ahora la conclusión a priori es que tengo que pasar más tiempo en otros lugares y no el gym, para no tener quejas pendejas de la vida desprendidas de mi actividad en el gym.

Creo sonaría más intelectual quejarme de que no encontré dicho libro o me tuve que pelear por él, en vez de quejarme cada viernes que las ñoras de mi gym se ponen locas para agarrar un trampolín para hacerse pendejas encima de él.
Quiero ser libre y vivir en una vida en la que no pase eso y no me miren feo esas señoras, así como queriéndome agarrar a bolsazos, quiero vivir en un mundo más intelectual o artístico, pero lamentablemente vivo en una relación de codependencia amor/odio con el gimnasio.

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