Cuando dices ¡Ya Voy!, y nunca vas

Hay algo casi mágico en esas dos palabras: ¡Ya Voy!. Suenan a prisa, a compromiso, a acción inmediata. Pero en la realidad, a menudo significan todo lo contrario: “espera un poco más”, “déjame terminar esto” o, directamente, “ni siquiera me he movido del sillón”. Es una de esas frases universales que todos usamos y que, admitámoslo, casi nunca es verdadera.

Desde que somos niños aprendemos a dominar el arte del ¡Ya Voy!. Nuestra mamá nos llama a comer y respondemos eso, aunque sigamos jugando videojuegos. Nuestra pareja nos pide ayuda para tender la ropa y contestamos lo mismo, sin despegar los ojos de la serie. Es un clásico, un comodín lingüístico que pospone lo inevitable con elegancia y una pizca de mentira piadosa.

La ciencia detrás del “¡Ya Voy!”

¿Por qué decimos ¡Ya Voy! cuando en realidad no tenemos ninguna intención de ir? La respuesta está en nuestra necesidad de no defraudar de inmediato. Es más fácil decir “sí, enseguida” que admitir “no tengo ganas”. Esta respuesta compra tiempo, calma al otro y, sobre todo, nos mantiene en nuestra zona de confort un ratito más.

También hay un factor cultural. En muchos lugares, decir “no quiero” o “ahora no puedo” se considera descortés. El ¡Ya Voy! actúa como un amortiguador social. Suaviza el rechazo, disfraza la pereza y mantiene la armonía… al menos por unos minutos.

Situaciones clásicas del “¡Ya Voy!”

  • Cuando tu amigo te espera afuera de tu casa y tú sigues buscando las llaves que “están aquí mismo”.
  • Cuando tu jefe manda un mensaje pidiendo un informe urgente y respondes ¡Ya Voy!, pero primero revisas Instagram.
  • Cuando tu mamá te llama a lavar los trastes y grites desde el otro cuarto que vas en camino… mientras apuras el capítulo de tu novela.
  • Cuando prometes ¡Ya Voy! a la tienda y pasan treinta minutos y sigues debatiendo entre quedarte en pijama o ponerte ropa.

Cómo sobrevivir al “¡Ya Voy!” ajeno

Si eres de los que suele esperar, ya sabes: el ¡Ya Voy! rara vez es inmediato. Aquí algunos tips para no desesperarte:

  • No confíes ciegamente: Si alguien te dice ¡Ya Voy!, calcula mentalmente unos 15 minutos extra.
  • Da un plazo claro: En lugar de “¿cuándo llegas?”, prueba con “¿llegas en 10 minutos?”.
  • Usa el humor: “¿Tu ‘ya voy’ es el de verdad o el de siempre?” puede quitarle presión al momento.
  • Acepta la naturaleza humana: Todos lo hacemos. Es parte de cómo funcionamos.

Al final, el ¡Ya Voy! es más que una frase; es un ritual social, una pequeña mentira que todos permitimos porque, en el fondo, sabemos que también nosotros la usamos. La próxima vez que lo digas, sonríe. Y si te lo dicen, respira hondo y espera. Con suerte, esta vez sí será cierto.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com