Viviendo como un autómata

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Resulta familiar y común estos días caminar, escribir, comer, trabajar, ejercitarse, en pocas palabras vivir como un robot, prácticamente sin sentir o más bien vivimos sin ser conscientes del momento que estamos experimentando, de las cosas que están pasando.

En la actualidad parecemos robots que únicamente hacen cosas, sin preguntarse el porqué, sin disfrutar la experiencia y sobre todo guardar data o recuerdos de eso que acabamos de vivir, y me incluyo en este proceso de vivir como autómata sin disfrutar cada cosa que sucede, sin ser testigos de las maravillas que están a nuestro alrededor, ahora somos máquinas modernas que sólo viven e interactúan en el espacio virtual, ni siquiera comer resulta ser algo en lo que ponemos al 100% nuestra atención.

Y por lo menos a mí, eso me hace sentir mal, no tan mal como para llorar y deprimirme tres meses en cama, pero si me hace sentir mal ese proceso que me aleja de mi esencia curiosa que por naturaleza me hace ser humana. Ser consciente de lo que estoy sacrificando, me hace un poco más un robot, que sólo actúa, trabaja y procesa información.

Supongo que es parte de la vida estos días, vivir clavados en pantallas de celular o pantallas de ordenador; quiero suponer que es parte natural de la evolución humana y tecnológica, quiere creer que es normal, pero esta evolución está superando ciertos límites y descubro que ahora muchas cosas las vivo y experimento de forma mecánica, y cuando término de hacerlas es como si me mente nunca hubiera estado alerta de lo que sucedía, como si mi cerebro hubiera estado apagado o en otro lugar mientras mi cuerpo hacia una tarea.

Antes me sorprendía esa capacidad para estar en piloto automático, claro, antes cuando eso episodios eran esporádicos y me libraban de tareas molestas o engorrosas, cuando estaba en situaciones aburridas me parecía una herramienta magnífica.

Como recuerdo mis primeras veces desconectando el cerebro, eso era genial en clase de mercadotecnia cuando mis maestros en la universidad creían que la mejor forma para aprender era mediante dictados largos, de sus resúmenes. No es que quiera criticar, pero qué clase de docente universitario cree que la enseñanza parte de dictados insufribles e interminables.
Por ello en ese tiempo para mí era una bendición escaparme de la realidad, mientras escribía un aburrido y largo dictado mi mente estaba en otro lugar, más entretenido, educativo o lúdico. Es más, pensar en que se había quedado la novela el día anterior era mejor que escuchar palabra tras palabra, mientras esas oraciones perdían el sentido. Entonces desde ahí comencé a desconectarme del mundo, para cuando regresaba me daba cuenta de que tenía 8 hojas de dictado escrito y no había sufrido una tortura consciente de haberlo hecho.

En ese momento no me di cuenta de lo peligroso que es desconectarse a placer y voluntad, porque antes de que me diera cuenta, ya me desconectaba de todo lo que fuera medianamente aburrido. Es más, cosas tan básicas como caminar mandaban a mi cerebro de paseo por la luna, para pensar en otras cosas, para crear otras ideas, para tener mi mente y mis otros sentidos en otro lugar y de repente cuando me daba cuenta que ya había llegado a otro lugar, sin darme cuenta de cómo o cuando, mi conciencia estaba en otra cosa mientras mi cuerpo como robot caminaba.

Tal vez para ti suene gracioso o como una gran bendición y estoy siendo dramática ante un súper don moderno que muchos de nosotros hemos adquirido esta época; hasta suena a la historia de una película cómica de Hollywood, suena a la sinopsis de una película de Adam Sandler en la que el encuentra una forma mágica para adelantar el tiempo, para saltarse todas esas cosas aburridas de la vida como fiestas familiares, cosas del trabajo, pleitos con su pareja; creo que es muy tentador saltarse todo lo malo o aburrido de la vida, ya sea por controles mágicos o desconexiones mentales, parece buena idea pero después descubres que no lo es tanto.

Cuando piensas en todos esos momentos que te perdiste de vivir, lamentas esa decisión, incluso para las cosas malas o tediosas, porque todo lo que vivimos nos define y nos hace quienes somos hoy en día. Saltarnos esas cosas sólo evita que encontremos la verdad de quienes somos.
Incluso en la película Click, esa película de Adam Sandler y controles remotos, entiendes que no es bueno pausar ningún momento y mucho menos acelerarlo.

Desconectarte de la vida ya sea por tus pensamientos, recordando una vivencia o mandado la mente al espacio sideral puede ser divertido, pero los peligros de perder la mente en otros lados son muchos.

La vida es lo que pasa ahora, no los planes de vivir.

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