Viviendo a medias

¿Te ha pasado que te levantas un lunes y, de repente, ya es viernes, y sientes que los días se escurrieron entre tus dedos como arena de playa, sin que realmente recuerdes lo que hiciste? O peor aún, ¿estás viendo una película, pero a la vez checando el celular, pensando en la lista del súper y planeando tus próximas vacaciones, sin realmente “estar” en ninguna de esas cosas? Si la respuesta es sí, ¡bienvenido al club de los que, sin querer, andamos viviendo a medias! Es como si tu cuerpo estuviera en modo “automático” mientras tu mente está de vacaciones en otro planeta. La vida moderna, con su constante bombardeo de información y sus listas interminables de pendientes, nos ha convertido en maestros de la multitarea, pero no en el buen sentido; más bien, en expertos en el arte de no hacer nada completamente bien.

Desde la psicología, este fenómeno tiene su chiste. A menudo, esta forma de andar por la vida responde a una mezcla de miedo, comodidad y exceso de estímulos. Por un lado, tenemos miedo a equivocarnos, a comprometernos de lleno con algo (o con alguien) y que salga mal. Es más fácil no intentar a fondo que fracasar estrepitosamente, ¿verdad? Por otro lado, la comodidad es un vicio engañoso. ¿Para qué esforzarse en cocinar algo nuevo si siempre puedes pedir lo mismo de siempre? El cerebro humano es un órgano ahorrador de energía por naturaleza; si puede encontrar el camino de menor resistencia, lo tomará. Y con tantas distracciones a la mano, es fácil caer en la trampa de la superficialidad, zappeando por la vida sin realmente saborear nada.

Las señales de que andas viviendo a medias

Reconocer que andas por la vida como un fantasma operando en segundo plano es el primer paso para cambiar el canal. Hay ciertas actitudes que gritan “¡estoy viviendo a medias!”. Por ejemplo:

  • El “ya lo haré”: Pospones constantemente ese viaje soñado, ese curso que siempre quisiste tomar o esa conversación importante, esperando el momento “perfecto” que nunca llega.
  • El “neutro emocional”: Ni muy arriba, ni muy abajo. Evitas los extremos emocionales, lo que te impide sentir la alegría profunda, pero también el dolor que te permitiría crecer.
  • El “sí, pero…”: Siempre hay una excusa para no comprometerte del todo. “Quiero emprender, pero no tengo tiempo”. “Me gustaría viajar, pero es muy caro”.
  • La rutina como jaula: Haces siempre lo mismo, comes lo mismo, hablas con las mismas personas sobre los mismos temas, por miedo a salir de tu zona de confort, aunque esta sea un poco aburrida.

Estos pequeños hábitos, aparentemente inofensivos, construyen una barrera invisible entre tú y una vida con sabor a algo más que simple existencia.

Piensa en el típico caso del que va al gimnasio, pero se la pasa viendo el celular entre serie y serie, o el que está en una reunión familiar pero con un ojo puesto en la televisión. O el que planea un fin de semana “épico” y termina en pijama en el sofá, viendo una película que ya vio cien veces, mientras el día se esfuma. Este tipo de viviendo a medias es una epidemia silenciosa, un estado de limbo donde no estás totalmente presente ni totalmente ausente. Es como ser el personaje secundario de tu propia película, cuando podrías ser el protagonista que decide la trama. El problema no es que a veces necesitemos un respiro, sino cuando ese respiro se convierte en un estilo de vida por defecto.

Salir de este modo “fantasma” no requiere una revolución. A veces, solo necesitas pequeños actos de rebeldía consciente. ¿Qué tal si la próxima vez que comas algo, te dedicas a saborearlo de verdad, sin distracciones? ¿O si escuchas a alguien hablar mirándole a los ojos, sin pensar en tu respuesta? Psicológicamente, esto se llama mindfulness, y es como darle un cafecito a tu cerebro para que despierte y se dé cuenta de que la vida está pasando ahora.

Para dejar de viviendo a medias, podemos empezar con pequeños experimentos:

  • Un plan espontáneo: Rompe la rutina con algo inesperado. ¿Un café con un amigo que no ves hace mucho? ¿Caminar por una calle diferente?
  • Una tarea a la vez: Intenta hacer una sola cosa y dale toda tu atención, aunque sea lavar los trastes. Te sorprenderá lo que se siente.
  • Dile sí a lo incómodo (un poquito): Esa charla pendiente, ese miedo a probar algo nuevo. Pequeños pasos fuera de tu zona de confort son grandes saltos para tu “yo” del futuro.

Al final, la vida es demasiado corta para vivirla en blanco y negro, o peor aún, en escala de grises. Merecemos sentir cada color, cada textura, cada emoción, incluso las que nos incomodan. Romper con el ciclo de viviendo a medias es un acto de valentía y autoamor. Es darte permiso para ser el director, guionista y actor principal de tu propia historia, decidiendo conscientemente dónde poner tu atención y tu energía, para que al final del día, no sientas que la vida te pasó de largo mientras estabas ocupado en otra cosa.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com