Todo lo que debes saber de Murderbot
Imagínate un mundo donde los robots de seguridad son tan avanzados que deciden que su propósito en la vida no es cuidarte, sino echarse una buena tanda de sus series favoritas. Así es la onda con Murderbot, un personaje que, de entrada, ya te saca una sonrisa por su nombre. Esta serie nos trae la historia de un androide que, en vez de andar salvando el mundo a cada rato, prefiere su espacio personal, su tiempo para el chismecito televisivo y, si de paso, protege a los humanos que le tocan, pues qué le vamos a hacer. Es la propuesta perfecta para quienes buscan ciencia ficción con un toque de humor bien pesado y una dosis de existencialismo robótico.
Un androide con ansiedad social y gusto por el chisme
Nuestro protagonista, al que le decimos Murderbot (él mismo se puso el apodo, que quede claro), es lo que llaman una “Unidad de Seguridad” o SecUnit. Piensa en él como un guardaespaldas robótico, mitad humano, mitad máquina, diseñado para proteger a equipos de exploración en planetas peligrosos. La cosa es que este compa, muy a su pesar, un día decide hackear su propio módulo de control, ese chip que lo obligaba a obedecer ciegamente. ¡Y pum! Ahora tiene libre albedrío. Pero, ¿qué hace con su nueva libertad? ¿Conquistar el universo? ¿Volverse un líder de la rebelión? ¡Para nada! Lo primero que piensa es: “Ahora sí, a ver mis series en paz y que nadie me moleste”.
Este androide es la cosa más parecida a un adolescente malhumorado y sarcástico que jamás verás en el espacio. Su personalidad es un deleite:
- Antisocial a más no poder: Prefiere mil veces quedarse solo viendo un maratón de sus programas que socializar con sus “clientes” humanos.
- Sarcasmo nivel experto: Sus pensamientos internos son oro puro, llenos de comentarios ácidos sobre la ineptitud humana.
- Protector a la fuerza: Aunque se queje, siempre termina salvando a los humanos de sus propios desastres (o de peligros externos, que son muchos).
De cómo Murderbot se volvió un adicto a las series
La verdadera pasión de Murderbot no son las explosiones intergalácticas ni los duelos de naves; es el binge-watching. Sus días se dividen entre cumplir su trabajo de seguridad de mala gana y, en cuanto tiene un respiro, conectar sus puertos para sumergirse en telenovelas interespaciales o dramas corporativos. Este contraste entre su letalidad como máquina de combate y su gusto por el entretenimiento más “humano” es lo que lo hace tan especial y divertido. Imagínate a un Terminator preocupado por el final de su novela favorita, ¡así de irreverente es! Para mantener su adicción, esconde su libre albedrío de las corporaciones que lo crearon, porque un robot “autónomo” es un robot “eliminado”.
El universo de Murderbot: robots, corporaciones y dramas inesperados
La serie Murderbot se basa en los populares libros “The Murderbot Diaries” de Martha Wells y nos zambulle en un futuro donde grandes corporaciones controlan prácticamente todo. Los planetas son explorados por equipos científicos, protegidos por unidades como nuestro amigo gruñón. La trama se desenvuelve entre la acción de las misiones y el drama interno de Murderbot mientras intenta comprender lo que significa ser “consciente” sin volverse loco con los humanos. Incluso establece lazos extraños, pero significativos, con algunos de ellos, como la Doctora Mensah, o con otro robot llamado ART (Transporte de Investigación Autónoma). Si eres fan de la ciencia ficción que te hace pensar, pero también te saca carcajadas, esta es tu serie. El actor Alexander Skarsgård le da vida a este androide en la adaptación televisiva, dándole un toque humano que, aunque diferente a la descripción de los libros, igual funciona para transmitir esa esencia.
La serie es una joya que mezcla el suspenso de la ciencia ficción con una comedia muy particular, explorando temas como la identidad, la conciencia y lo que significa ser “humano” desde la perspectiva de un robot que preferiría estar viendo la tele. Es una invitación a reírte de nuestras propias torpezas y a ver el mundo a través de los ojos de un ser que, a pesar de sus quejas, siempre termina haciendo lo correcto, aunque se sienta incómodo al respecto.