Todo en esta vida es subjetivo

¿Alguna vez te has peleado a muerte con tu mejor amigo porque él dice que los tacos de su esquina son los mejores y a ti te saben a puro cartón? Esa bronca milenaria tiene una explicación científica muy sencilla: la objetividad es un mito urbano más grande que cualquier leyenda de terror. Vivimos jurando que somos los dueños de la verdad absoluta, pero la neta es que nuestro cerebro es un experto en editar la realidad a su conveniencia. Entender que todo en esta vida es subjetivo nos ahorraría muchísimas canas verdes, porque lo que tú ves como un problema gigante, para otra persona puede ser solo un bachecito en el camino. No es que el mundo esté en tu contra, es que tus lentes están graduados con tus propias vivencias, miedos y alegrías, lo que hace que tu película sea única y, muchas veces, muy diferente a la de los demás.

Nuestra mente NO funciona como una cámara de video que graba las cosas tal cual pasan, sin filtros ni arreglos. Más bien, es como un editor de cine BIEN intenso que le mete música de drama, ajusta el brillo y recorta las partes que no le gustan según lo que ya vivimos antes. Si desde chiquito te dijeron que los perros son peligrosos, cuando veas a un Husky vas a sentir que el corazón se te sale; pero si creciste con cinco en casa, vas a querer ir a darle un abrazo. Ahí está el chiste: el perro es exactamente el mismo, pero tu interpretación es totalmente distinta porque la subjetividad. Cada experiencia, cada regaño de tus papás y cada decepción amorosa han ido construyendo esos esquemas mentales con los que juzgas el presente, y aunque te sientas muy imparcial, siempre estás sesgado por tu propia historia personal.

La psicología detrás de la subjetividad de la vida

Los expertos en la mente llaman a esto construcción de la realidad. Básicamente, no vemos el mundo como es, sino como somos nosotros. Todo lo que pensamos y sentimos pasa por una aduana mental que decide qué información dejar pasar y cuál ignorar para que nuestra narrativa interna tenga sentido. Por eso, dos personas pueden romper con su pareja el mismo día: una siente que se le acaba el mundo y la otra siente que por fin puede respirar. Ninguna de las dos está “mal”, simplemente sus realidades son distintas. Aceptar que todo en esta vida es subjetivo es aceptar que los seres humanos somos máquinas de interpretar, no de registrar hechos puros. Esta falta de objetividad no es un error de fábrica, es nuestra forma de sobrevivir y darle un significado a lo que nos rodea para no volvernos locos con tanta información.

  • Tus gustos personales: Lo que para ti es la canción más llegadora del año, para tu vecino puede sonar como una licuadora descompuesta.
  • El concepto de éxito: Para algunos es tener una chamba con un sueldazo, para otros es tener tiempo libre para flojear o viajar por el mundo.
  • Las señales de alerta en el amor: Lo que a ti te parece un detalle romántico, a otra persona le puede dar una vibra súper extraña o invasiva.
  • La percepción del tiempo: Esos cinco minutos en la fila del banco se sienten como una eternidad, pero cinco minutos con tu persona favorita se pasan volando.

Bajarnos de ese pedestal donde creemos que siempre tenemos la razón es el primer paso para tener una salud mental mucho más estable y una convivencia más chida con los demás. Cuando dejas de intentar que todos vean el mundo exactamente igual que tú, la vida se vuelve mucho más relajada y menos conflictiva. La empatía nace precisamente de reconocer que la opinión del otro, aunque sea el polo opuesto a la tuya, tiene una raíz lógica en su propia formación. La realidad es que todo en esta vida es subjetivo y esa diversidad de perspectivas es lo que hace que la experiencia humana sea tan rica y, a veces, tan complicada. No hay una sola verdad, sino millones de versiones que chocan y se mezclan todos los días en la calle, en el trabajo y en las redes sociales.

La próxima vez que sientas que te hierve la sangre porque alguien no piensa como tú, respira profundo y recuerda que su cerebro está operando con un manual de usuario diferente al tuyo. No es personal, simplemente es que su conformación de experiencias lo llevó a una conclusión distinta. Aprender a navegar en esta ambigüedad nos hace más inteligentes emocionalmente y nos permite conectar mejor con las personas. Al final, lo que importa no es quién tiene la razón, sino cómo manejamos el hecho de que cada cabeza es un universo totalmente independiente. Vive tu propia versión de la realidad, pero mantén la mente abierta para entender que el de enfrente también tiene sus razones para ver las cosas a su modo, porque así es como funciona nuestra psicología.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com