Tipos de clarividencia para saber si eres vidente o solo te falta dormir
¿Alguna vez has sentido que sabes exactamente quién te va a mandar un mensaje antes de que vibre el celular? No es que seas un genio de la informática ni que tengas intervenido el satélite, a lo mejor lo que te carga es un don que ni tú mismo sabías que tenías. Entrarle al rollo de lo paranormal da un poquito de miedo, pero también mucha curiosidad, sobre todo cuando te pasan cosas que no tienen una explicación lógica. Si de verdad pudiéramos ver el futuro o sentir las vibras de los demás, seguro usaríamos ese poder para saber si el de la micro se va a ir por la ruta rápida o si la salsa de los tacos realmente pica tanto como dice el taquero. Al final, todos tenemos ese amigo que dice que “siente cosas”, pero entender los tipos de clarividencia nos ayuda a saber si de verdad tiene un don o si nomás se tomó un café muy cargado antes de dormir.
Diferentes formas de entender los tipos de clarividencia
La forma más conocida de este fenómeno es cuando alguien jura que puede ver imágenes de eventos que todavía no pasan, como si tuviera una televisión interna que le pasa el chisme antes que a nadie. Imagínate qué joya sería tener esa capacidad para ver que tu ex te va a llamar justo cuando ya lo estabas olvidando, así te ahorras el drama y mejor bloqueas el número antes de que caigas en la tentación. Este tipo de visión no siempre es como en las películas con bolas de cristal y túnicas raras; a veces son simples chispazos o sueños que se sienten más reales que el despertador del lunes. Dentro de los tipos de clarividencia, esta es la que más envidia nos da a los que no vemos ni el escalón cuando hay poca luz, porque te permite anticiparte a los golpes que te da la vida con un poquito más de estilo.
Luego está esa gente que no ve cosas, pero que “oye voces” o sonidos que los demás ignoramos por completo. No estamos hablando de que necesiten una revisión con el doctor, sino de esa sensibilidad para captar mensajes que parecen venir de otra frecuencia. Es como si tuvieras un radio integrado que te avisa cuando alguien no es de fiar o cuando estás a punto de regarla en grande. En el mundo de los tipos de clarividencia, a esto se le conoce como la capacidad de escuchar lo que no se dice, y es un paro total cuando vas a cerrar un trato o cuando sientes que la vibra de un lugar está más pesada que una mochila llena de libros. Tener este radar encendido te salva de muchas broncas, aunque a veces sea un poco estresante andar escuchando consejos del más allá cuando lo único que quieres es un poco de silencio para pensar en qué vas a cenar.
- Saber quién está detrás de la puerta antes de que toquen o suene el timbre de la casa.
- Sentir un escalofrío que te avisa que ese lugar tiene una energía bastante extraña.
- Tener la certeza absoluta de que va a pasar algo importante sin que haya ninguna señal obvia en el ambiente.
- Percibir olores que te recuerdan a alguien que ya no está, justo cuando más pensabas en esa persona.
Existe otra variante que es puramente física y se siente directamente en la panza o en la piel. Es ese famoso “sexto sentido” que te hace desconfiar de alguien aunque te esté sonriendo y te ofrezca un dulce. Esta forma de captar el entorno es súper común y nos sirve para movernos con más colmillo en el día a día. Si alguna vez has sentido que “algo no cuadra” y al final resulta que tenías razón, felicidades, ya estás experimentando uno de los tipos de clarividencia más útiles que existen. No necesitas ser un gurú ni andar en ayunas por el monte para desarrollar esta astucia; se trata simplemente de ponerle atención a lo que tu cuerpo te está gritando mientras tu mente está distraída pensando en el pago de la quincena o en el estreno de la serie de moda.
Desarrollar estas habilidades no es algo que pase de la noche a la mañana, pero estar conscientes de que existen nos abre un panorama mucho más divertido de la realidad. Quizás no termines adivinando los números de la lotería para volverte millonario, pero sí vas a empezar a notar que el mundo tiene muchas más capas de las que nos contaron en la escuela. Lo importante es no tomarse todo tan en serio y disfrutar de esas pequeñas coincidencias que hacen que la vida se sienta un poquito más mágica. Al ponerle nombre a esas sensaciones raras, te das cuenta de que no estás loco, sino que simplemente tienes las antenas más largas que el promedio y eso, en un mundo tan caótico, es una ventaja competitiva que nadie te puede quitar.
