The Crown: La evolución de los personajes históricos y su representación

Ver una serie de historia, o biopic, a veces suena al plan más aburrido del mundo, de esos que te daban sueño en la preparatoria, pero con esta producción la cosa cambia por completo. Desde el primer momento nos queda claro que seguirle los pasos a la familia real es como asomarse por la rendija de la puerta a una cena donde todos se traen ganas, pero tienen que guardar las formas. En The Crown no solo vemos gente con coronas y castillos impresionantes, sino que nos topamos con seres humanos que sufren, se equivocan y, a veces, se pasan de lanza con sus propias familias. La evolución de los personajes es lo que realmente te mantiene pegado al sillón, porque pasas de ver a una reina joven y algo temerosa a una mujer de hierro que entiende que su papel está por encima de cualquier sentimiento personal, aunque eso signifique dejarle un hueco en la panza a sus seres queridos.

Los matices detrás de la realeza en The crown

Lo que más chido le sale a esta serie es cómo logra que figuras que solo veíamos en los libros de texto o en los noticieros se sientan como personas de carne y hueso. Por ejemplo, ver a Winston Churchill no como el héroe perfecto de las fotos en blanco y negro, sino como un señor terco, con sus achaques y una vulnerabilidad que te hace decir “pobre abuelito”, le da un valor agregado increíble. En The Crown se la volaron al mostrar que el poder no te quita las inseguridades, al contrario, parece que las hace más grandes. Los guionistas se clavaron en investigar no solo qué pasó, sino qué sentían estos personajes mientras el mundo se caía a pedazos, logrando que empaticemos con situaciones que, en teoría, nos quedan lejísimos de nuestra realidad cotidiana.

  • La transformación psicológica de los protagonistas es brutal, mostrando cómo el peso de la institución los va moldeando hasta que casi no se reconocen.
  • El chisme histórico está manejado con una elegancia que te hace dudar de qué es verdad y qué es pura ficción para que la trama amarre mejor.
  • Las dinámicas de poder dentro del palacio son como un juego de ajedrez donde una mala movida te manda al exilio emocional de por vida.
  • El diseño de vestuario y la ambientación están tan bien cuidados que de plano te sientes ahí, juzgando a todos desde un rincón de la sala.

El reto de darle vida a leyendas vivas

No podemos ignorar que el casting es otro de los puntos fuertes que hacen que la experiencia sea de otro nivel. Cambiar de actores cada dos temporadas fue una apuesta arriesgada, pero resultó ser un acierto total para marcar el paso del tiempo sin necesidad de ponerles kilos de maquillaje falso que se viera chafa. Al elegir a talentos que no solo se parecen físicamente, sino que logran copiar los gestos y la forma de hablar, The Crown nos entrega versiones súper convincentes de figuras como Lady Di o el príncipe Felipe. Los actores se meten tanto en el papel que por un momento olvidas que estás viendo una actuación y sientes que de veras te están contando el secreto mejor guardado de la monarquía, lo que ayuda a que el ritmo no decaiga nunca y evites las ganas de ponerte a ver el celular a mitad del capítulo.

A fin de cuentas, la serie funciona porque nos recuerda que, por muy arriba que alguien esté en la escala social, los problemas del corazón y las broncas familiares son universales. Ver cómo las decisiones de una sola persona pueden cambiar el rumbo de un país entero es algo que te vuela la cabeza, y más cuando te das cuenta de que muchas veces esas decisiones se tomaron por puro berrinche o miedo. The Crown se queda como un referente de cómo contar la historia sin que sea una flojera total, mezclando la realidad con ese toque de drama que tanto nos gusta. Aunque sepamos en qué termina todo porque ya lo leímos en internet, la forma en que nos llevan de la mano por los pasillos del poder hace que queramos repetir el maratón una y otra vez, buscando esos detalles que se nos pasaron en la primera vuelta.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com