Qué hacer si tengo roto el corazón

Cuando el corazón se siente como una piñata después de una fiesta infantil, toda rota y con los dulces regados por el suelo, la situación puede parecer catastrófica. Esa sensación de que el mundo se detiene y solo tú sigues girando en la lavadora de las emociones es más común de lo que crees. Y sí, aunque ahora mismo sientas que tienes un hoyo tamaño rancho en el pecho y te preguntas qué hacer si tengo roto el corazón, déjame decirte que no eres el único en este club de los descorazonados. Pero ojo, este no es un club para quedarse a vivir, es más bien una escala técnica para recargar pilas y seguir el camino.

Cuando el mundo te sabe a enchilada de la tristeza

Esa fase inicial, donde hasta el pan dulce de la mañana te sabe a melancolía y el solo pensamiento de salir de la cama requiere la fuerza de un superhéroe, es perfectamente válida. De repente, todo te recuerda a esa persona. Una canción, el color de una camisa, ¡hasta el olor a tortillas recién hechas! Es como si tu cerebro hubiera decidido que es momento de proyectar el “Grandes Éxitos de los Recuerdos Agrios” en bucle, con sonido envolvente y en 4D. Y si te encuentras llorando con el comercial del perrito que se reencuentra con su dueño, no te juzgues. Es parte del proceso de sentir que tengo roto el corazón. Es válido desahogarse, patalear un poquito y permitirse el drama. Solo recuerda, hay un límite entre un buen desahogo y mudarse a vivir en el drama. Tu casa es más bonita.

Esa sensación de que el tiempo se estiró más que un chicle masticado, haciendo que cada día se sienta como una semana, es completamente normal. Te sientes como si la vida te hubiera puesto en pausa mientras el mundo sigue girando a toda velocidad. Y ahí estás tú, con tu pijama favorito, maratoneando películas románticas para llorar un poco más, como si tu objetivo fuera ganar un premio al “drama del año”. Pero esa tristeza, por muy real y profunda que sea, es solo una estación en tu camino, no el destino final. Date permiso de sentir, de patalear un poco, de comer chocolate sin culpa, pero también de entender que hay más allá de este momento.

El plan de acción cuando tengo roto el corazón

Ok, ya te permitiste la fase de la lloradera y la autoreflexión dramática. Ahora es momento de mover el esqueleto, aunque sea poquito. Piensa en esto como una rehabilitación intensiva para tu ser. No se trata de olvidar, eso es casi imposible, sino de reordenar el disco duro de tus emociones. Es una oportunidad para demostrarte que eres más fuerte que una salsa habanera.

  • Ponle fecha de caducidad al drama: Sí, llora, pero no por días enteros. Ponte un límite: “Hoy lloro a gusto, mañana ya le bajamos dos rayitas”. Es como una dieta, pero emocional. Y si se te antoja una concha con natas mientras lloras, ¡adelante!
  • Reconéctate con tu gente: Esos amigos que te hacen reír hasta que te duele la panza, o tu familia que te apapacha aunque no entienden lo que te pasa. Un buen chismecito, una tarde de juegos de mesa, o simplemente una taquiza pueden ser el mejor bálsamo cuando sientes que tengo roto el corazón. No te aísles, ¡la tribu es importante!
  • Haz algo nuevo (que no involucre a tu ex, obviamente): ¿Siempre quisiste aprender a hacer mole poblano, tejer macramé o salir a patinar? ¡Este es el momento! Distraerte con algo que te rete y te guste es un gran alivio. Te ayudará a darte cuenta de que tu mundo es más grande de lo que creías.
  • Mueve el cuerpo: No necesitas correr un maratón, a menos que quieras. Con salir a caminar al parque, bailar tus canciones favoritas en la sala o hacer unos estiramientos es suficiente. El ejercicio libera endorfinas y esas son como magia para el ánimo, como una tanda de frituras con chile.
  • Cuida lo que entra en ti: No solo hablamos de comida (aunque un buen postre ayuda), sino de lo que consumes mentalmente. Evita stalkear (perdón, “acechar”) en redes, leer cosas que te pongan más triste o ver películas que te recuerden tu situación. Apuesta por la comedia, los documentales curiosos o los libros que te hagan volar la imaginación.

¿Y después de esto qué? Construyendo el siguiente capítulo

Míralo así: esto no es el fin del libro, es solo el final de un capítulo. Y quizás, ese capítulo no era el que la editorial (o sea, la vida) había planeado para ti a largo plazo. Este momento de tener roto el corazón es una oportunidad para revisar tu guion, para darte cuenta de qué quieres y qué no quieres en el siguiente tomo. Aprendes sobre tus límites, tus fortalezas y, sobre todo, que eres mucho más fuerte de lo que te imaginabas.

No te apresures a buscar un “parche” emocional. Date tu tiempo para sanar, para conocerte en esta nueva etapa, para disfrutar de tu propia compañía. La prisa no es buena consejera, ni para el amor, ni para nada. Y sí, es muy probable que, en el futuro, aparezca otra persona que te haga suspirar, que te saque carcajadas y con la que quieras escribir nuevas historias. Pero esa persona será un compañero de viaje, no el destino final de tu felicidad. Porque el verdadero destino de tu felicidad siempre serás tú mismo. Ya verás que después de esta “sacudida”, saldrás más fuerte, más sabio y con un corazón, aunque remendado, mucho más resistente y listo para nuevas aventuras.

El viaje de la vida está lleno de encuentros y despedidas. Y en cada despedida, por dolorosa que sea, hay una oportunidad de crecimiento. Te haces más fuerte, más sabio, más consciente de lo que realmente quieres y de lo que mereces. Así que, aunque ahora te parezca que tienes roto el corazón, no te estás perdiendo de nada. Te estás preparando para algo nuevo y posiblemente aún mejor, porque la vida es así: te quita para darte, te cierra una puerta para abrirte un portón.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com