¡Soy muy incompetente!

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Creo que antes de empezar a recibir regaños por mi declarada y descarada incompetencia tendría que especificar en qué tipo de incompetencia estoy incurriendo; porque eso sí, no me aguanto ni me aguantare nunca regaños amistosos no merecidos, (pos estos qué se creen, que pueden venir a regañarme por ser una incompetente en áreas en las que si “medio” le hecho ganitas NO SEÑOR).

Pero a que se refiere uno cuando habla sobre incompetencia.
La definición es bastante clara “Falta de competencia o de jurisdicción”, por ende, alguien incompetente es en pocas palabras un inútil que no puede desarrollar con la menor probabilidad de éxito una simple tarea.
No me miren así, que seguramente en algún momento de su vida fueron o serán unos completos inútiles por no decirles tan duramente incompetentes, digo, nadie es un erudito en todo y principalmente muchas actividades diarias inclusive sobrevivir requieren mucha practica.

Y es que a eso se refiere mi incompetencia, sí, a sobrevivir; y no estoy hablando del concepto metafísico, filosófico trascendental de sobrevivir o más bien vivir, es más ni si quiera estoy hablando de mantenerse cuerdo o si quiera intentar aferrarse a lo que se dice comúnmente cordura, yo me refiero a mantenerse completito, funcionando, vivito y coleando, esencialmente con el menor número de rasguños y dolencias posibles, en eso amigos soy una completa tarada. En la tarea de la supervivencia diaria soy una completa inútil, es más, si llevo viva tanto tiempo no puedo achacarlo a mis correctas opiniones o juicios, ni siquiera podría decir que mis actitudes maduras y propositivas me hayan traído tan lejos, NO, yo sigo viva por la absoluta gracia de Dios, que estoy bien segura me tiene en este loco mundo por un gran motivo y en determinado momento seré muy valiosa para ese plan, es eso o nomas le caigo muy bien, porque yo no sigo viva por merito propio, oh no señor.

Suena terriblemente mal, pero no entiendo porque fregados no puedo poner atención a la simple tarea de sobrevivir ilesa, sana y salva de situaciones cotidianas sin tener que tirar algo, romper algún cristal que ponga en peligro la integridad de mi piel, destruir algún gadget nuevo sin electrocutarme en el proceso, hacer ejercicios cardiovasculares sin lesionar mi sistema esquelético muscular, sobrevivir a una situación social sin embarrarme de líquidos inflamables, hacer las compras del súper sin recibir golpes y abolladuras de los carritos en cuello (sí cuello) y talones ó atrapar objetos que simpáticamente vienen directo a mi cara sin la protección necesaria y pretender que cerrando los ojos me salvara de aquel terrible accidente.

No pienses que tengo un estilo de vida muy sui géneris o extremo que me hace estar siempre al borde de la muerte o en peligro extremo, NO PARA NADA, yo soy igual de normal que tú (JAJAJAJAJA) con las mismas preocupaciones, con un trabajo de oficina, viviendo en la ciudad. Aunque para ser honestos vivir en la ciudad no es exactamente hablar de vivir en el cielo o por lo menos un lugar seguro, vivir en una mega urbe trae consigo muchos peligros que nos acechan día a día; afortunadamente me echan ojo desde arriba por lo que agradezco enormemente no haber sido estadística roja de los diarios.

Simplemente soy una tarada que siempre se anda lastimando que esto o aquello, no entiendo será que soy en un punto raro alguna especie distorsionada que sufre una sicopatía genética de índole masoquista, ¿será?, es posible que yo no pueda vivir sin dolor físico un solo minuto de mi vida y tener siempre algún dolor me haga sentir plena, ¿cómo será vivir sin dolor?
Me pregunto todos los días, ¿cómo es posible que algo me duela siempre? Y cuando miro a las personas que me rodean ellas parecen tan sanas y felices, sin dolores o quejas.

Entiende mi punto y consternación, es que siempre me está doliendo la espalda (alta o baja) las pantorrillas, los tendones o las muñecas, y si no es eso no aguanto las rodillas y mi más reciente malestar físico: una quemadura provocada por el escape de una motocicleta en la pantorrilla la cual está al rojo vivo, claro, esa si valió la pena; es más cuando veo mi cuerpo y me encuentro una cicatriz grande o pequeña me hace recordar tan vívidamente la aventura que la provoco, es como si la memoria evocara al pasado en un ritual mágico que me hace viajar en el tiempo. Con cada marca por más insignificante que sea, esta me hace recordar a un amigo, una aventura, un aprendizaje o un sentimiento, cada cicatriz es una historia que cuenta de que tan lejos vengo.

MMMMMM

Lo sé, existen varias teorías que responden de manera directa mi incompetencia, pero no me dejan satisfecha y además ponen en la mesa de análisis muchas más preguntas. Claro ser masoquista, ser despistada, inclusive la vejez prematura que me acosa podrían ser los factores claves que reducen mi calidad de vida o simplemente soy incompetente como lo asumí originalmente.

Caray, y no me digas por favor que la respuesta más simple es la correcta, porque me cae que te llevo conmigo de paseo para que veas que no es una simple coincidencia.

Analizándolo fríamente no creo ser la única Mr. Bean de la ciudad de México, seguro tú conoces a muchos más y ese estúpido, frio personaje ingles realmente tiene su inspiración en la tribu suburbana que puede triunfar salir ileso a pesar de la estupidez humana.

Porque les juro que me niego a creer que soy una en un millón que se desconecta intermitentemente del mundo real.

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