Soy congruente y consistente con lo que hago

Todos andamos por la vida dándonos golpes de pecho jurando que nuestras palabras cuadran perfecto con nuestros actos cotidianos. Creer que alguien es congruente y consistente suena a que le van a dar un premio a la paz mundial o a que ya tiene la existencia totalmente resuelta. Pero la neta, si analizamos la situación con la cabeza fría, esta cualidad se puede aplicar para todos los escenarios posibles, hasta para los más desastrosos y cómicos. Porque sí, puedes ser un genio absoluto de la productividad diaria, pero también puedes ser el campeón indiscutible de la flojera y, adivina qué, sigues aplicando el concepto a la perfección sin fallar un solo milímetro en tu rutina.

El fino arte de ser congruente y consistente en el día a día

Imagínate a ese compa que jura y perjura que es un flojazo de primera, de esos que no mueven un dedo ni por error. Si este cuate te dice que el sábado no va a hacer absolutamente nada productivo, y efectivamente se la pasa todo el fin de semana amarrado en el sillón viendo programas de televisión hasta que los ojos le quedan cuadrados, ¡aplausos de pie! Ese muchacho es un maestro de vida, pues demuestra ser congruente y consistente con su filosofía de no gastar energía a lo puro tonto. Sus palabras se alinean mágicamente con su nula actividad física, y eso merece un profundo respeto. Lo mismo pasa con el amigo fiestero que promete que ese día se va a portar bien; si termina bailando cumbias a las cinco de la mañana en la banqueta, falló de forma monumental. Pero si desde el jueves te advierte que el viernes se va a destruir por completo y lo cumple cabalmente, entonces no hay falla alguna en su lógica impecable.

Niveles donde la congruencia nos pega duro y con estilo

Para que no quede duda de cómo se maneja esta dinámica tan peculiar en el mundo real, te dejamos unos ejemplos clarísimos donde la raza aplica esta filosofía sin darse cuenta de su propio poder:

  • El rey de la dieta imaginaria: Dice que el lunes empieza a comer puras verduras, pero el lunes por la mañana ya se está empacando tres tamales fritos. Ahí no hay nada de lógica. Sin embargo, si asume con orgullo que la garnacha es su verdadera pasión y cena taquitos todos los días sin culpa, ahí sí vemos una línea perfecta de acción.
  • La reina del drama intenso: Te avisa que va a armar un pancho tremendo si no le contestas rápido. Tardas dos minutos en responder, y cuando abres los mensajes ya tienes treinta textos reclamando. Podrá ser súper intensa, pero vaya que es de fiar cuando se trata de cumplir sus terribles amenazas.
  • El impuntual profesional: Ya sabes de memoria que te va a decir que “ya va llegando” cuando apenas se está metiendo a bañar. Si siempre llega dos horas tarde sin fallar una sola vez en diez años, tenemos que admitir que domina el arte de ser congruente y consistente con su pésimo manejo del tiempo y los relojes.

Empatar lo que sale de nuestra boca con lo que hacemos físicamente es un estilo de vida que requiere muchísimo compromiso, ya sea para conquistar el mundo entero o para romper el récord mundial de más horas durmiendo una siesta de corrido. La clave de todo este asunto está en no andar vendiendo humo ni presumiendo virtudes que nos quedan gigantescas. Si vas a ser un desastre andante, sé un desastre con mucho orgullo y sigue tus propias reglas al pie de la letra para que nadie te reclame nada. Así que la próxima vez que te pregunten sobre tus metas a corto plazo, puedes inflar el pecho y decir con toda la seguridad del planeta que, sea lo que sea que decidas hacer, te mantienes congruente y consistente hasta las últimas consecuencias.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com