Silenciar la mente

A veces apaciguar los pensamientos puede resultar imposible y un mar de ideas puede atormentarte sin previo aviso; como si fueran tornados que te arrastran con ellos hacía obscuros lugares en la mente donde siempre hay muchas ideas enredadas y confusas que te hacen pensar, pensar y pensar.

¡Y tu cerebro, nunca te callas!

No sé si únicamente sea yo, pero creo que estoy segura que somos muchos los que experimentamos de ideas tan recurrentes, tan fuertes y tan diversas que llega un momento del día en el que simplemente quieres que paren y que todas esas ideas cesen, que descansen y por uno minuto te dejen respirar, te dejen sólo, únicamente escuchando a la vida y observando la naturaleza; un momento de paz en el que no se piensa o se siente nada y te fundes con la vida, te unes con el todo y en lugar de querer ser simplemente eres.

Ahora sé lo que sienten los demás cuando no me callo y todas las ideas que tengo atravesadas en la cabeza las digo, tan rápido y a la velocidad de la luz que confunden; ahora sé lo que sienten.
Sobre todo en esos momentos de silencio en el que solo quiero descansar, y he descubierto que justo cuando quiero dormir, cuando quiero dejar de pensar un millón de ideas están en mi cabeza, a flor de piel, todas ellas buscando una respuesta o una reacción. Pensamientos que desencadenan más hilos de pensamiento que tengo que perseguir para ver a donde me llevan; ideas sobre la vida, las concepciones del amor, las interrelaciones con los demás, los grandes conceptos de la vida o incluso pensamientos tan superficiales y cotidianos como el hecho de que tengo que lavar la ropa, que quiero comer el día siguiente, la película que no he visto, porque no me detuve a platicar con alguien o el simple hecho de que debería ser menos compleja y mucho más simple.

Parar los pensamientos es imposible y uno tras otro llegan todos con la misma solicitud, ser escuchados, todos al mismo tiempo, todos buscando mi atención o reflexión, todos queriendo pasar por una puerta tan pequeña que hace imposible que lo hagan y se quedan ahí atorados, haciendo eco en mi mente.

Así que todas las noches justo cuando quiero apagar el cerebro, descubro la frustración que experimentan muchos de mis interlocutores, cuando aparentemente y de forma random salto de una idea a otra que no tiene relación, mientras intentan responder mi primera idea yo ya voy en la veinte.

Pero que se hace para dejar de pensar, sucede lo mismo que cuando uno se pone como tarea no pensar en osos polares blancos y te repites, no pienses en osos polares blanco; justamente pasa lo opuesto y por alguna extraña situación uno piensa en eso que no debe pensar. Decirle al cerebro no pienses o apagar las ideas puede resultar una misión imposible, una tarea que aseguran aquellos que pasan muchas horas meditando y buscando el silencio interior se puede lograr.

¿Acaso la respuesta será la meditación?, ¿será? O en vez de luchar tratando de frenar nuestras ideas la mejor idea, una lógica y practica es seguir su ritmo y acompañarlas a donde nos quieran llevar.

Yeshttps://elblogdeyes.com
Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com

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