Si estás trabajando, significa que estas ocupado

El teléfono vibra. Un mensaje. Lo ves de reojo mientras intentas descifrar esa hoja de cálculo que parece jeroglíficos. Es tu compadre. El mensaje dice: “¿Estás ocupado?”. Automáticamente, tu cerebro manda la señal de “sí, obvio, ¡estás trabajando!”, pero sabes que si contestas con un simple “sí”, el universo explotará. Porque para cierta gente, el hecho de que uno esté en horario laboral y en la oficina (o en el home office en pijama), no siempre es sinónimo de estar ocupado. Para ellos, es más bien una sugerencia de que tienes tiempo de sobra para escuchar el chisme más reciente o planear la carne asada del fin de semana. Como si el recibo de nómina se pagara solo y las tareas se hicieran por arte de magia.

La eterna pregunta: ¿Ocupado o disponible para el chisme?

Es una situación que se repite como disco rayado. Tu teléfono suena, ves el nombre de un amigo o familiar, y el mensaje inofensivo: “¿Estás ocupado?”. A tu mente viene una réplica automática: “Sí, claro, ¡estás trabajando! ¿Qué parte de ‘trabajando’ no entiendes?”. Pero la realidad es que para algunos, la jornada laboral es un terreno fértil para el ocio ajeno. Es como si la frase “estoy en horario de oficina” se tradujera a “estoy disponible para una plática extensa y sin interrupciones”. Es un misterio antropológico, una de esas paradojas modernas que nos hacen cuestionar la lógica de la comunicación interpersonal.

De pronto, te ves en el dilema de contestar o no. Si no respondes, eres el ogro de la película, el que no tiene tiempo para nadie. Si contestas con un monosílabo, te tachan de cortante y poco amigable. Y si eres demasiado honesto y dices “sí, estoy en medio de algo importante”, te arriesgas a un “¿y qué estás haciendo?”, que abre la puerta a una explicación detallada de tus funciones, como si tuvieras que justificar que, en efecto, cuando estás trabajando, estás trabajando. Es un juego de equilibrios que requiere de toda nuestra paciencia y una buena dosis de humor para no terminar estrellando el teléfono contra la pared.

Manual de supervivencia para cuando te preguntan si estás ocupado

Para sobrevivir a este tipo de interrogatorios, que a veces parecen más un sondeo de disponibilidad emocional que una genuina preocupación, te dejamos algunas estrategias dignas de un agente secreto:

  • La respuesta evasiva y estratégica: Un clásico que nunca falla. Un “estoy en friega, ¿todo bien?” suele ser suficiente para dar a entender que sí, que estás trabajando y no puedes perder el tiempo en chismes de vecindad. Si hay algo urgente, ya te lo dirán. Si no, entenderán el mensaje.
  • El reenvío de tareas: “Ahorita no puedo, pero en cuanto me desocupe te echo un grito”. Esto pospone la conversación sin sonar grosero y te da la oportunidad de decidir si realmente quieres retomar el hilo más tarde.
  • La imagen de la pila de trabajo: Si eres de los que les gusta lo visual, una foto de tu escritorio lleno de papeles o de la pantalla con veinte ventanas abiertas, acompañada de un emoji de cansancio, puede ser un mensaje universal que grita: “¡Auxilio, estás trabajando y ahogándote en pendientes!”.
  • La técnica del ‘ghosting’ momentáneo: Ignorar el mensaje por un rato (una hora o dos) y luego responder con un “¡Uff, apenas vi tu mensaje, andaba a tope!”. Es una mentira piadosa que te salva de la situación sin dramas.

La clave está en ser asertivo sin perder la buena vibra. Es importante que tus amigos y familiares entiendan que el tiempo laboral es sagrado, no porque seas antisocial, sino porque las cuentas no se pagan solas y la estabilidad económica no se construye a base de memes. Así que la próxima vez que te pregunten si estás trabajando, puedes responder con la confianza de que, sí, en efecto, estás haciendo lo que tienes que hacer. Y si no lo entienden, siempre puedes culpar a “la junta de última hora”. ¡Que la fuerza te acompañe!

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com