Qué pasa en la sexta temporada de Black Mirror

La espera terminó. Después de un largo receso, la serie que nos hace mirar con desconfianza a nuestras pantallas regresó con un conjunto de historias que, en lugar de darnos miedo del futuro, a veces nos dan miedo del pasado, de lo sobrenatural e incluso de nosotros mismos. La sexta temporada de Black Mirror llega con una propuesta audaz: despegarse un poco de la distopía tecnológica pura para adentrarse en terrenos como el terror gótico, el cine de época y el thriller sobrenatural. Es como si el espejo, además de oscuro, se hubiera teñido de un rojo sangre vintage.

Si algo define esta entrega es su voluntad de sorprender, incluso a costa de desconcertar a su audiencia más purista. Cada capítulo es una cápsula independiente, pero en conjunto pintan un retrato de un creador, Charlie Brooker, jugando con nuevos juguetes narrativos. La sensación es que, después de años prediciendo el futuro con aterradora precisión, la serie decidió tomarse un respiro y explorar los miedos que ya viven en nuestros libros de historia y en nuestras pesadillas más antiguas. Esta sexta temporada de Black Mirror se siente menos como una advertencia y más como un viaje a través de distintos géneros, todos filtrados por esa lente irónica y punzante que caracteriza a la serie.

Un menú variado de pesadillas

La temporada se estrenó en junio de 2023 con cinco episodios, cada uno una aventura tonal distinta. “Joan Is Awful” arranca con la premisa más blackmirroriana clásica: una mujer descubre que su vida es recreada en una serie de streaming por una inteligencia artificial, con una actriz de renombre interpretándola. Es una sátira hilarante y meta sobre nuestra era digital, la privacidad y el contenido algorítmico. Luego, el giro llega con “Loch Henry”, un cambio de ritmo total hacia el true crime y el thriller psicológico en un pueblo escocés, donde un documental sobre un crimen antiguo revela secretos familiares aterradores. Aquí, la tecnología pasa a un segundo plano, y el horror es completamente humano y terrenal.

Uno de los episodios más comentados fue “Beyond the Sea”, una historia de ciencia ficción con un setting retrofuturista de los años 60, donde dos astronautas en una misión espacial prolongada comparten un vínculo a través de réplicas androides en la Tierra. La tragedia familiar y la envidia protagonizan un drama existencial de una intensidad brutal. Finalmente, la temporada cierra con dos apuestas arriesgadas: “Mazey Day”, que mezcla el mundo del paparazzismo en los años 2000 con una bestial transformación sobrenatural, y “Demon 79”, un relato de terror-fantasía ambientado en la Inglaterra de finales de los 70, donde una joven debe cometer tres asesinatos para evitar un apocalipsis. Este último es el que mejor ejemplifica la etiqueta “red mirror” que el propio Brooker usó para describir este nuevo rumbo.

¿Un espejo con un nuevo color?

La recepción de esta sexta temporada de Black Mirror fue, sin duda, la más dividida de toda la serie. Por un lado, están quienes celebraron la frescura y el valor de Brooker para no repetir la misma fórmula. Después de tantas temporadas, explorar el horror sobrenatural o el true crime puede verse como una evolución necesaria para evitar quedarse estancado en predicciones sobre smartphones y redes sociales. Los episodios son técnicamente impecables, con actuaciones estelares y una dirección que homenajea con cariño los géneros que explora.

Por otro lado, una parte importante de la fanaticada extrañó la mordiente crítica social y tecnológica que era el sello de la casa. Para ellos, episodios como “Mazey Day” o “Demon 79”, aunque entretenidos, podrían ser capítulos de cualquier antología de terror, perdiendo ese factor único de Black Mirror que consiste en mostrar el lado oscuro de los avances que ya estamos viviendo. La pregunta que flota en el aire es: ¿al alejarse tanto de la premisa central, la serie pierde su identidad? La respuesta depende de cuánto estés dispuesto a dejar que el espejo se empañe con nuevas texturas.

Más allá de la polémica, lo innegable es que la temporada genera conversación. Ya sea por la brillantez de “Joan Is Awful”, la tensión claustrofóbica de “Beyond the Sea” o lo sorprendente del giro de “Mazey Day”, cada episodio deja una huella. Demuestra que la serie, lejos de agotarse, tiene un campo de exploración vastísimo. Quizás el verdadero mensaje de esta sexta temporada de Black Mirror no es una advertencia sobre un gadget futuro, sino un recordatorio de que la oscuridad humana, la que alimenta la envidia, el remordimiento y la obsesión, es atemporal. Y que, a veces, el monstruo más aterrador no está en la nube, sino en el reflejo que vemos cada mañana.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com