Reseña de la película Piratas del Caribe: La venganza de Salazar
Si creías que ya habías visto todo lo que un pirata borracho y con mala suerte podía hacer, esta película llega para recordarte que Jack Sparrow siempre tiene un as (o un naipe sucio) bajo la manga. Piratas del Caribe: La venganza de Salazar es como ese viaje en montaña rusa que ya conoces: sabes más o menos las vueltas que dará, pero la emoción de subirte y sentir el viento en la cara sigue siendo igual de divertida. Esta quinta entrega no reinventa el mapa del tesoro, pero sí te garantiza un buen puñado de horas de puro espectáculo, efectos alucinantes y ese humor absurdo que solo esta saga sabe dar.
La cosa empieza con un problema familiar muy peculiar. Henry Turner, el hijo de Will y Elizabeth (sí, esos del primer amor de la saga), está empeñado en romper la maldición que mantiene a su padre atado al Holandés Errante. Su única esperanza es un artefacto legendario: el Tridente de Poseidón. Para encontrarlo, se alía con Carina Smyth, una brillante astrónoma a la que todos tachan de bruja por saber… bueno, saber cosas. Juntos forman un dúo de héroes novatos con mucho que demostrar. Pero el verdadero lío comienza cuando liberan, sin querer queriendo, al villano más espectacularmente cabreado de los siete mares: el Capitán Salazar, un fantasma con un rencor tan grande que hasta su barba se le eriza de pura ira. Y adivina contra quién dirige toda esa furia espectral: contra nuestro querido y desastroso Jack.
Lo que hace que esta aventura valga la pena
Vamos al grano. Si vas a ver Piratas del Caribe: La venganza de Salazar, es probablemente por tres razones, y la película cumple con creces en las tres:
- Johnny Depp siendo Johnny Depp: Por más que hayan pasado los años, el Capitán Jack Sparrow sigue siendo el mismo caos con patas. Sus torpezas son calculadas, sus frases son enredadas y su sentido de la orientación es tan malo como su suerte. Es el ancla cómica de la película y sigue funcionando.
- Un villano con estilo (y mucho CGI): Javier Bardem le da vida al Capitán Salazar, y es un acierto total. No es solo un fantasma que da miedo; es un tipo con una historia de fondo trágica y un look impresionante. Su cabello y su uniforme flotan como si estuviera bajo el agua todo el tiempo, creando una imagen visualmente fascinante y fresca.
- Acción a raudales: La película no escatima en secuencias espectaculares. Desde persecuciones en calles que se parten en dos, hasta batallas navales contra barcos fantasma, el ritmo es rápido y mantiene la diversión. Los efectos especiales son de primera, creando un mundo fantástico que se ve genial en pantalla grande.
Un par de tiburones en el agua (pero pequeños)
Claro, no todo es miel sobre hojuelas. Para algunos, la fórmula ya puede sentirse un poco repetitiva. La trama a veces depende de coincidencias tan grandes como el sombrero de Jack, y los nuevos personajes, Henry y Carina, aunque simpáticos, no logran generar la misma conexión inmediata que los originales. A veces parece que están ahí más para pasar la antorcha a una nueva generación que para robarse el show en este viaje.
La verdadera brújula de esta película
Al final del día, Piratas del Caribe: La venganza de Salazar sabe exactamente lo que es: un blockbuster familiar hecho para entretener. No busca ser profunda ni cambiar el cine como lo hizo la primera. Busca que te rías con los chistes de Jack, que te impresiones con los trucos visuales y que salgas del cine habiendo pasado un rato entretenido. Tiene un cameo nostálgico que encantará a los fans de la trilogía original y una escena post-créditos que deja la puerta abierta a más travesías.
Si lo que quieres es apagar el cerebro, comer palomitas y disfrutar de una aventura pirata con dosis justas de humor, fantasía y acción, esta película es tu puerto seguro. Es como reunirte con ese amigo extravagante que siempre tiene historias imposibles: sabes que exagera, pero lo escuchas con una sonrisa de oreja a oreja porque, simplemente, es un buen momento. Piratas del Caribe: La venganza de Salazar es precisamente eso: un buen momento, con mucha salpicadura de agua de mar y un toque de ron.