Reseña de la película Perdidos

Reseña de la película Perdidos

El subgénero del metraje encontrado ha sido una mina de oro para el cine de terror de bajo presupuesto, permitiendo que historias sencillas se conviertan en experiencias inmersivas gracias a la perspectiva en primera persona. Sin embargo, esta fórmula corre el riesgo de volverse repetitiva si no se ejecuta con ingenio narrativo. Al revisar la película Perdidos, nos encontramos con una propuesta que intenta emular los éxitos de cintas icónicas que marcaron la década de los noventa, apostando por la cámara en mano, la visión nocturna y la oscuridad absoluta para generar angustia, aunque el resultado final es una mezcla de momentos genuinos de tensión con lugares comunes que dividirán opiniones entre los puristas del género y quienes solo buscan pasar un rato de sobresaltos.

La premisa central gira en torno a la ambición académica mezclada con la imprudencia juvenil, un tropo clásico del horror. Lalo, un estudiante decidido a titularse, elige un tema poco convencional y arriesgado para su tesis documental: la investigación de supuestos espectros y fenómenos paranormales en unos baños públicos abandonados. Acompañado de un equipo de amigos —Román, Lucio y Daniela— que confían ciegamente en que será una noche tranquila de grabación, se adentran en las instalaciones con sus cámaras. Lo que inicia como una exploración curiosa, típica de quien busca evidencias para las redes sociales, pronto se transforma en una situación de supervivencia cuando el grupo desaparece sin dejar rastro, atrapados en una estructura que esconde secretos mucho más densos que simples leyendas urbanas.

Aciertos y fallos en la narrativa de la película Perdidos

Uno de los giros más agresivos de la trama ocurre cuando la presencia de un intruso inadvertido desencadena fuerzas que superan la comprensión de los protagonistas, liberando a una entidad demoníaca que convierte los pasillos en un laberinto mortal. Aquí es donde la película Perdidos logra sus mejores momentos de atmósfera, utilizando la claustrofobia del escenario para incomodar al espectador. No obstante, el guion adolece de una falta de contexto histórico sólido sobre el lugar; aunque al final se intentan atar cabos sobre lo que ocurre en esos baños, la narrativa no profundiza lo suficiente en el origen del mal que habita el sitio. Esto deja la sensación de que los personajes están ahí más por la anécdota viral inmediata que por una verdadera investigación periodística o paranormal que justifique el riesgo.

El elenco, conformado por talentos como Román García, Eduardo Montes, Adrián Romero y Daniela Steinhauer, cumple con la tarea de transmitir pánico y desesperación, aunque sus personajes a menudo toman esas decisiones cuestionables típicas del género que pueden frustrar a la audiencia más exigente y lógica. Si eres un aficionado que disfruta de los sobresaltos repentinos (jump scares) y puedes perdonar ciertos huecos argumentales en favor de la adrenalina, esta producción cumple su función de entretenimiento básico y visceral. Sin embargo, para aquellos cinéfilos que buscan una renovación del terror o una historia con capas psicológicas profundas, la película Perdidos podría sentirse como una oportunidad desaprovechada que recicla elementos ya vistos en otras producciones nacionales e internacionales del mismo estilo, funcionando mejor como una atracción de sustos que como una pieza cinematográfica trascendente.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com