Reseña de la película Hasta los huesos – To the Bone 2017
Entrarle a una historia que habla de trastornos alimenticios suena como el plan más pesado del mundo, pero la neta es que esta producción logra que te quedes pegado al sillón sin sentir que te están sermoneando. La película Hasta los huesos se mete en un terreno súper pantanoso con una mezcla de honestidad que cala y un humor negro tan fino que a veces no sabes si reírte o sentirte mal por hacerlo. Estrenada allá por el 2017, esta cinta de Netflix no busca ser el típico drama médico aburrido que solo te da estadísticas, sino que se clava en la mente de Eli, una chava que ve el mundo a través de las calorías y que lucha contra sus propios demonios en una casa de asistencia bastante peculiar. Es un viaje que te incomoda, que te hace cuestionar muchas cosas sobre la salud mental y que, sobre todo, le quita el filtro a un problema que muchas veces preferimos ignorar para no entrar en broncas.
Lo que hace diferente a la película hasta los huesos
Lo que realmente se agradece de esta propuesta es que no intenta venderte una cura mágica ni soluciones de cuento de hadas. En la película Hasta los huesos, vemos a una Lily Collins que se nota que le puso todo el corazón y el físico al papel, mostrándonos una vulnerabilidad que se siente muy real y cero actuada. Su personaje, Ellen, no es la víctima perfecta; es sarcástica, terca y tiene una coraza que parece imposible de romper. Aquí es donde entra el Dr. Beckham, interpretado por un Keanu Reeves que se aleja de las explosiones para darnos a un médico con métodos poco ortodoxos que no te va a obligar a comer, sino que te va a retar a que quieras vivir, lo cual está mucho más cañón de lograr.
Si te animas a verla, te vas a topar con varios puntos que hacen que la historia no se sienta como un documental educativo de la escuela:
- El grupo de apoyo está lleno de personajes que se sienten como personas de verdad y no como simples rellenos para que la protagonista resalte.
- El humor ácido entre los pacientes sirve como un mecanismo de defensa que cualquiera que haya pasado por una situación difícil va a entender de volada.
- La dirección de Marti Noxon se siente muy personal porque ella misma pasó por algo parecido, y eso se nota en los detalles que a otros directores se les habrían pasado.
- No hay escenas gratuitas de gente sufriendo solo por sufrir; cada momento de tensión tiene un porqué detrás de la psicología de los personajes.
La dinámica dentro de la casa donde viven los pacientes es lo que le da alma al relato. Ver cómo conviven personas con diferentes tipos de trastornos te abre los ojos a que esto no es solo “dejar de comer”, sino que hay una bola de nieve emocional que incluye ansiedad, control y traumas que no se curan con un simple consejo. En la película Hasta los huesos, la terapia grupal no es un círculo de llanto eterno, sino un espacio donde la neta sale a flote y los personajes se confrontan entre ellos con una crudeza que a veces te deja sin aliento. Es ese tipo de cine que te obliga a quitarte los prejuicios y a entender que la lucha por la recuperación es un camino de subidas y bajadas bien marcadas, donde un paso adelante puede venir seguido de dos para atrás.
A pesar de que tiene sus momentos medio cursis que se sienten un poco fuera de lugar, la cinta logra su objetivo de poner el tema sobre la mesa sin censura. No es una película fácil de digerir porque te confronta con realidades que están ahí afuera, en la calle, en las escuelas o incluso en tu propia casa. Al final, la película Hasta los huesos se queda contigo no por lo impactante de las imágenes, sino por el mensaje de que la voluntad propia es el motor más grande que tenemos, aunque a veces se nos olvide dónde dejamos las llaves para encenderlo. Es una invitación a la empatía y a entender que cada cabeza es un mundo complejo donde las batallas más duras son las que no se ven a simple vista.
