Reseña de la película Fences

Hay películas que te golpean directo en el pecho, no con efectos especiales, sino con palabras. Con miradas cargadas de tanto que no se dice. Fences es exactamente eso: un drama de esos que te deja pensando en tu propia familia durante días, preguntándote por qué ese señor en la pantalla te cae tan mal y, al mismo tiempo, te da tanta pena. Si buscas una historia con acción desenfrenada, este no es tu lugar. Pero si te interesa ver a dos titanes del cine, Denzel Washington y Viola Davis, midiéndose en un duelo actoral de esos que quitan el aliento, entonces prepárate. La película Fences es una adaptación magistral de la obra de teatro de August Wilson, y se siente: es íntima, conversada y profundamente humana.

Un patio, una familia y muchos sueños rotos

La historia nos lleva a los años 50 para meternos en la casa de los Maxson. El corazón de todo es el patio trasero, donde Troy Maxson (Denzel Washington), un recolector de basura, construye literal y metafóricamente una cerca. Junto a él está Rose (Viola Davis), su esposa, el pilar silencioso y amoroso que sostiene el hogar. El conflicto central, y lo que hace que la película Fences duela tanto, es la relación entre Troy y su hijo adolescente Cory (Jovan Adepo). Cory tiene un talento prometedor para el fútbol americano y la oportunidad de una beca universitaria, un sueño que su padre se empeña en destruir con la fuerza de un mazazo.

¿Por qué? Porque Troy, un ex jugador de béisbol de las ligas negras, carga con el resentimiento de un sueño truncado por el racismo de su época. Su amargura es tan grande que se convierte en una cerca que no solo aisla a su familia del mundo, sino que los aprisiona dentro de su propio rencor. No quiere que su hijo sufra la misma decepción, pero su método es aniquilar cualquier esperanza. Ver esta dinámica es fascinante y frustrante. Troy no es un villano de cartón; es un hombre complejo, trabajador, pero intoxicado por sus fantasmas. Cada vez que la película Fences muestra sus largos monólogos en el patio, entendemos que estamos ante un hombre que libra una batalla feroz contra un enemigo invisible: el tiempo perdido.

El duelo actoral que merecía todos los premios

Si la historia es poderosa, lo que la eleva a otro nivel es el reparto. Denzel Washington, que también dirige con mano firme, está descomunal. Logra que Troy sea a la vez imponente y patético, un hombre cuyo amor se expresa a través del control y la dureza. Pero es Viola Davis quien roba el alma de la cinta. Su Rose es una fuerza de la naturaleza contenida. Durante gran parte de la película, observa, sirve la comida, sonríe con resignación. Hasta que llega un momento de revelación tan devastador que justificó por sí solo el Óscar que ganó. Davis no llora; estalla desde un lugar tan profundo y verdadero que es imposible no conmoverse. Jovan Adepo, como Cory, representa perfectamente la frustración y el deseo de ruptura de una nueva generación.

¿Por qué deberías verla? Reflexiones más allá del drama

Algunos podrían decir que la película Fences tiene un ritmo pausado. Y es cierto, no corre. Te invita a sentarte en ese patio, a escuchar las discusiones, a sentir el peso del calor y las palabras no dichas. Pero esa es justo su grandeza. No es una película para ver distraídamente; es una experiencia para absorber. Nos habla de temas que, aunque contextualizados en una época y lugar específicos, son universales:

  • La herencia tóxica: Cómo los traumas de los padres pueden convertirse en una carga para los hijos.
  • El sacrificio invisible: El papel de Rose representa a tantas personas que sostienen emocionalmente a sus familias sin recibir reconocimiento.
  • El perdón: Explorando si es posible perdonar las fallas más grandes de quienes amamos.
  • Los sueños diferidos: Y el peligro de que, al no realizarse, se conviertan en veneno.

Lo que queda de la película Fences es la sensación de haber presenciado algo auténtico. Es un recordatorio de que las batallas más épicas a veces se libran en el comedor de una casa, con gritos ahogados y silencios elocuentes. No te dejará indiferente. Te confrontará, te hará incómodo y, probablemente, te haga pensar en las cercas que tú mismo has construido o que te gustaría derribar.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com