Reseña de la película Asesinato en el Expreso de Oriente – Murder on the Orient Express (2017)
Kenneth Branagh asumió el doble reto de dirigir y protagonizar una adaptación del clásico de Agatha Christie, un relato que ha fascinado a generaciones por su ingeniosa trama y atmósfera claustrofóbica. La película Asesinato en el Expreso de Oriente se desarrolla en la década de 1930, recreando con lujo de detalle la elegancia y tensión de una época donde el glamour y el crimen convivían tras las ventanillas de un tren de lujo. Branagh interpreta a Hercule Poirot, el detective belga de astucia proverbial, quien debe resolver el asesinato de un mafioso estadounidense durante un viaje interrumpido por una avalancha de nieve.
El enclave es perfecto para un thriller: un grupo de personajes de diversos orígenes y motivaciones, atrapados en un espacio reducido, cada uno con algo que ocultar. La narrativa avanza entre interrogatorios, pistas sutiles y flashbacks que revelan gradualmente la verdad detrás del crimen. Aunque el guion sigue fielmente la estructura del libro, Branagh imprime su sello con un estilo visual grandilocuente y una caracterización de Poirot más vulnerable y humana.
Un reparto de lujo con actuaciones notables
Uno de los mayores atractivos de esta película Asesinato en el Expreso de Oriente es su elenco, repleto de nombres internacionales. Figuras como Johnny Depp en el papel del mafioso Ratchett, Penélope Cruz como una misionera de pasado ambiguo, Judi Dench como una aristócrata rusa y Daisy Ridley como una institutriz con secretos, aportan carisma y profundidad a sus personajes. Aunque algunos tienen menos tiempo en pantalla de lo esperado, cada actor aprovecha sus escenas para dejar una impresión duradera.
Branagh brilla como Poirot, combinando la meticulosidad y excentricidad del detective con momentos de introspección que humanizan al personaje. Su interpretación equilibra el humor ligero con la gravedad del drama, manteniendo siempre el centro narrativo.
Atmosfera y estilo visual: Un viaje inmersivo
La fotografía y dirección de arte son pilares clave en esta producción. El tren se convierte en un personaje más: sus pasillos estrechos, compartimentos opulentos y la nieve que aisla a los viajeros crean una sensación de encierro y suspense constante. Branagh utiliza planos amplios para destacar la inmensidad del paisaje y primeros planos intensos durante los interrogatorios, acentuando las emociones y tensiones entre los personajes.
La banda sonora, compuesta por Patrick Doyle, acompaña con elegancia los giros dramáticos, aunque en ocasiones puede resultar un tanto melodramática para los gustos actuales.
Un misterio clásico con ritmo desigual
Si bien la película Asesinato en el Expreso de Oriente logra capturar la esencia del whodunit (quién lo hizo) clásico, su ritmo no es uniforme. La primera mitad avanza con fluidez, estableciendo personajes y contextos, pero algunos espectadores pueden encontrar la segunda parte algo prolongada, especialmente si ya conocen el desenlace de la novela original.
El film no reinventa el género, pero ofrece una experiencia sólida y entretenida para quienes disfrutan de misterios bien construidos y productions de época. Su mayor virtud es la fidelidad al espíritu de Agatha Christie: inteligencia narrativa, diálogos afilados y una reflexión sutil sobre la moralidad y la justicia.
Para quienes buscan una noche de cine con intriga, elegancia visual y actuaciones memorables, esta adaptación cumple su propósito. No es una revolución cinematográfica, pero sí un digno homenaje a una de las historias de misterio más celebradas de la literatura.

