Reseña del restaurante Foodlab Labo Culinaire en Montreal

En el corazón palpitante de una gran urbe, dentro de un edificio con aires de modernidad industrial que alberga arte y tecnología, se encuentra un refugio culinario que bien podría ser la joya de la corona: el Labo Culinaire. No es un lugar cualquiera, es un epicentro donde el buen comer se fusiona con la vanguardia. Imaginen un sitio donde la creatividad arquitectónica se encuentra con el arte del buen comer; así es este espacio que desafía lo convencional y nos invita a un viaje gastronómico sin igual.

No se me asusten por el nombrecito de “laboratorio”; aquí no hay probetas ni matraces, a menos que sean de mezcal, ¡ejem! Este Labo Culinaire es más bien un laboratorio de la felicidad, donde los ingredientes locales son las estrellas de cada platillo. No esperen ciencia ficción en el plato, sino una oda a la tierra, con recetas que saben a verdad y a rancho. Su filosofía, “de la terre à la table” (¡qué elegante!), no es solo una frase bonita, es un compromiso con lo fresco, lo de temporada. Cada bocado es un tributo a la abundancia que la naturaleza regala en cada estación.

El arte de la buena mesa en Labo Culinaire

Aquí, los paladares exigentes se deleitan con las creaciones de un chef que, más que cocinar, orquesta sinfonías de sabor usando lo mejorcito de la región. Cada plato es un lienzo comestible que celebra la frescura y la calidad. Y si de maridajes se trata, la sommelier tiene un ojo clínico para los vinos orgánicos y naturales, de esos que te cuentan historias en cada sorbo. ¡Qué chulada! La carta es un poema a los productos locales, con cortes de carne que te hacen salivar y pescados y mariscos que parecen recién sacados del mar (o del río, según la suerte). Y para que baje todo bien, el barman se rifa con unos cocteles que son la envidia de la colonia. ¡Cada trago, una obra de arte!

Pero, ¡ojo!, el chiste no es solo la comida. Este sitio es un compendio de sensaciones: arte visual que te deja con la boca abierta, música que te prende el alma y espectáculos que te quitan el sueño. Y ni hablar de su domo artístico, un monstruo tecnológico que proyecta sueños y proyectos visuales que te hacen volar la imaginación. No solo vas a cenar, vas a vivir un eventazo completo, una experiencia que apapacha todos los sentidos. Además, la terraza en la azotea es la cereza del pastel, ideal para echar un ojo a las luces que pintan el paisaje urbano mientras se disfruta de la sobremesa. ¡Un verdadero deleite!

Si ya se les antojó y están pensando en darse una vuelta, ¡aguas! El Labo Culinaire es más solicitado que boleto para concierto de banda famosa. Así que, pónganse vivos y hagan su reservación con tiempo, especialmente si quieren una cena de esas que se cuentan. Sino, van a quedarse con las ganas, ¡y eso sí cala! Este lugar es un must para cualquier sibarita de corazón que busca algo más que solo comer; busca una experiencia que se quede grabada.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com