Reseña de la quinta temporada de Fuller House

El spin-off de nuestra serie favorita de los noventas, Fuller House, llega a su gran final. Tras un anuncio que a nadie tomó por sorpresa, Netflix se despide de la gran familia Tanner-Fuller-Gibbler con su quinta temporada. Si eres de los fans de hueso colorado que sigue el show desde su estreno en 2016 y seguías esperando un milagro navideño para ver a las gemelas Mary-Kate y Ashley Olsen en pantalla… te tengo malas noticias. Michelle Tanner seguirá siendo el fantasma ausente de la casa.

Kimmy al rescate y sorpresas familiares

Pero guarda esos pañuelos y no dejes que la ausencia de la menor de los Tanner te arruine el maratón. Otros personajes han sabido llenar perfectamente ese vacío. Sí, hablamos de la peculiar y siempre ruidosa Kimmy Gibbler, quien por fin se ha integrado como la tercera pieza oficial de esta hermandad. Además (alerta de spoiler), el mismísimo Danny Tanner por fin ha bajado la guardia y la acepta como a una hija más.

Esta quinta temporada de Fuller House viene cargada de sorpresas y prepara el terreno para darle un cierre digno a estos singulares personajes de San Francisco. Todo esto, por supuesto, manteniendo esa fórmula clásica y color rosa de las comedias familiares de los ochentas que nos dejan lecciones de vida en cada episodio.

Un golpe de nostalgia (exclusivo para millennials)

Seamos brutalmente honestos: esta serie fue creada por y para las generaciones que crecimos con el “Full House” original. No hay un solo niño hoy en día que abra Netflix pensando qué aventuras tendrán los Tanner.

La realidad es que somos los treintones (y treintonas) quienes verdaderamente disfrutamos de esta comedia predecible. Y no nos importa que no sea la historia más original del mundo, porque nos atrapa por el sabor a pura nostalgia que destila cada escena. A pesar de la cursilería sobre el amor familiar, los mensajes positivos siguen haciendo de esta serie un gusto culposo muy disfrutable.

Lo que falló y lo que esperamos del gran final

  • Menos risas, más drama: La mala noticia de esta entrega es que el buen humor de los primeros episodios se fue diluyendo. La trama se inclinó demasiado hacia el drama familiar y las lecciones sobre “cómo ser una buena mamá”.
  • Personajes desaprovechados: Como resultado de lo anterior, personajes que aportaban muchísima comedia, como Fernando o el pequeño Max, perdieron diálogos y tiempo en pantalla para cederle todo el peso a las protagonistas.

Sin embargo, no hay tiempo para regaños ni reproches. Aún falta que se estrene la segunda parte de esta temporada final. Tenemos la esperanza de que la serie recupere ese humor chispeante de sus inicios y nos regale la despedida épica que tanto el elenco original como las nuevas generaciones merecen.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com