Reseña de la película Sonora (2018)
En 2018 llegó a las salas de cine una producción que prometía sumergir al espectador en una época convulsa de la historia reciente. La película Sonora, dirigida por Alejandro Springall, se desarrolla en los años veinte, un periodo marcado por tensiones sociales, conflictos raciales y una frágil modernidad que ocultaba profundas desigualdades. A diferencia de otros dramas históricos, aquí no hay batallas épicas ni héroes revolucionarios; en cambio, la narrativa se concentra en un grupo de personajes atrapados en la vastedad árida del norte del país.
La trama sigue a un conjunto de viajeros forzados a convivir dentro de un automóvil mientras intentan cruzar el desierto. Cada uno carga con secretos, prejuicios y motivaciones distintas, lo que genera fricciones constantes en un escenario donde el calor sofocante y la escasez de recursos ponen a prueba su humanidad. Aunque la premisa invita al suspense psicológico y la reflexión social, la ejecución termina por diluir su potencial.
Un reparto talentoso con poco margen para brillar
El elenco de la película Sonora incluye nombres reconocidos del cine nacional, como Joaquín Cosío, Juan Manuel Bernal, Giovanna Zacarías y Dolores Heredia. Sin embargo, sus actuaciones –sólidas pero contenidas– chocan con una dirección y un guion que no les permiten explotar su capacidad dramática. Cosío, usualmente contundente en roles rudos, aquí aparece con una caracterización poco convincente que distrae más de lo que aporta. Por su parte, Bernal y Heredia logran momentos emotivos aislados, pero sus personajes carecen del desarrollo necesario para conectar realmente con la audiencia.
La inclusión de actores internacionales en el reparto, lejos de enriquecer la propuesta, resulta forzada y en ocasiones interrumpe la fluidez de la dinámica grupal.
Una narrativa que pierde rumbo entre la arena
Uno de los mayores problemas de la película Sonora es su ritmo. La cinta avanza con una lentitud extenuante, alargando escenas que podrían transmitir la misma idea con mayor economía narrativa. Si bien la intención parece ser generar una atmósfera opresiva y contemplativa, el resultado final se siente redundante y, en muchos tramos, aburrido.
Temas potentes como el racismo, la discriminación religiosa y la supervivencia están presentes, pero se abordan de manera superficial. En lugar de profundizar en estos conflictos, la trama se pierde en secuencias repetitivas de agonía física y diálogos predecibles, dejando al espectador con la sensación de que algo importante quedó sin explorarse.
Técnicamente, la fotografía captura la belleza cruda del desierto –polvo, cielo implacable, horizontes interminables–, pero incluso estos elementos visuales, bien logrados, terminan por saturar la mirada sin aportar capas adicionales de significado.
Valoración final: una oportunidad desaprovechada
La película Sonora es uno de esos proyectos que pudo haber sido memorable y terminó siendo olvidable. Tiene ingredientes valiosos: una ambientación histórica interesante, un elenco de primer nivel y una premisa cargada de simbolismo. Lamentablemente, la dirección no logra integrarlos de forma orgánica. El guion peca de ambicioso pero difuso, y el ritmo pausado –que en otro contexto podría funcionar– aquí solo acentúa la desconexión emocional.
No es una cinta fallida en su totalidad; hay destellos de calidad en la actuación de Bernal y en algunas tomas que evocan soledad y desesperanza. Pero como experiencia cinematográfica, se antoja larga, pretenciosa y, en el fondo, vacía. Quienes busquen un drama histórico con profundidad y engagement probablemente queden insatisfechos. Esta es, en esencia, una travesía árida que no llega a ningún puerto.
