Reseña de la película Socias en Guerra – Like a Boss (2020)
Se suponía que iba a ser la comedia que nos haría reír a carcajadas con los enredos de dos amigas intentando triunfar en el despiadado mundo de la belleza. La película Socias en Guerra, también conocida como Like a Boss, prometía un trío dinámico con Rose Byrne, Tiffany Haddish y la mismísima Salma Hayek. En papel, el concepto suena a oro puro: una historia de empoderamiento femenino, risas y la batalla por un imperio de cosméticos. Pero, ¿la realidad fue tan glamorosa como sus protagonistas? Digamos que el resultado final es más como un delineador corrido que un maquillaje perfecto de pasarela.
Este tipo de cintas suelen apostar por la fórmula segura del “chick flick”, donde la amistad femenina se pone a prueba entre chistes de ocasión y situaciones hilarantes. La dirección de Miguel Arteta nos entrega una historia que, aunque con buenas intenciones, termina cayendo en los mismos clichés que pretende adornar con brillo y labial. Si bien la premisa invita a la carcajada, lo cierto es que la película se queda a medio camino, dejando una sensación de que el talento de su elenco merecía un mejor guion y una dirección más atrevida.
El verdadero pleito de la película Socias en Guerra
La historia nos presenta a Mel Carter (Rose Byrne) y Mia (Tiffany Haddish), dos amigas entrañables que desde hace años comparten sueños, dramas y un negocio de cosméticos que, aunque tiene su encanto, no termina de despegar hacia el estrellato. Viven en una casa colorida, su vida es un desorden organizado y sus personalidades chocan de forma predecible pero, a veces, efectiva. La dinámica de “la organizada y la impulsiva” es la base de su amistad y de su empresa. Pero como en todo cuento de hadas con presupuesto de Hollywood, llega la villana.
Aquí entra Claire Luna (Salma Hayek), una magnate de la belleza que es tan excéntrica como intimidante, con un imperio que parece construido a base de pestañas postizas y ambición pura. Ella les ofrece la gran oportunidad de sus vidas: invertir en su empresa y llevarla a las ligas mayores. Pero, claro, ningún inversor millonario se hace rico siendo una santa, y pronto queda claro que Claire tiene sus propios planes para quedarse con todo. Lo que sigue es una guerra campal por el control del negocio y por la amistad de Mel y Mia, una contienda llena de supuestos gags que buscan la risa fácil, pero que rara vez atinan al blanco. La película Socias en Guerra nos promete drama, pero nos da más bien un pastelazo bien intencionado.
Un elenco que le echa ganas pero no brilla
Es innegable que contar con Rose Byrne y Tiffany Haddish es una apuesta fuerte para cualquier comedia. Byrne tiene un talento natural para la comedia sarcástica y Haddish una energía desbordante que la hace única. Sin embargo, en esta película Socias en Guerra, a pesar de sus esfuerzos, no logran levantar un guion que se siente forzado y lleno de lugares comunes. Sus personajes son divertidos por sí solos, pero las situaciones en las que los meten son tan previsibles que hasta los chistes se ven venir desde kilómetros.
Y luego está Salma Hayek como Claire Luna, la malvada con acento y curvas que explota su físico para proyectar poder. Verla en este rol es, sin duda, lo más destacable del reparto. Hayek se entrega al personaje con un entusiasmo contagioso, aunque a veces su interpretación roza la caricatura. Es la que más se divierte y la que nos regala los momentos más memorables, aunque sean por lo exagerado. Incluso Jennifer Coolidge, una reina de la comedia, aparece un poco desperdiciada en un papel secundario que no le permite explotar todo su potencial cómico. Es una lástima ver tanto talento reunido y que el resultado final no les haga justicia.
La idea de una comedia que empodera a las mujeres, mostrándolas como empresarias capaces de construir sus propios imperios, es fantástica. Sin embargo, cuando los diálogos giran en torno a clichés sobre maquillaje, senos y rivalidades superficiales, se siente como una oportunidad perdida. La película Socias en Guerra tiene un mensaje positivo de fondo sobre la importancia de la amistad y la lealtad, pero lo entrega con un humor que a menudo se siente chapado a la antigua y poco sofisticado. Es de esas comedias que, aunque no te roba el alma, tampoco te deja una marca inolvidable. Es el tipo de película ideal para ver un domingo por la tarde si no tienes nada más urgente que hacer y solo quieres desconectarte sin pensar demasiado.
