Reseña de la película Proyecto Power ¿qué tal esta?
Cuando uno escucha la promesa de una píldora que te da superpoderes por cinco minutos, es inevitable que el cerebro empiece a hacer piruetas. La expectativa de ver a alguien volando, lanzando fuego o teleportándose, aunque sea por un ratito, genera una emoción tremenda. Justo eso pensábamos de la película Proyecto Power. Con un concepto así de jugoso, uno esperaría una experiencia cinematográfica que te dejara con la boca abierta. Pero, ¿la realidad estuvo a la altura del tráiler y la premisa? Pues, con todo el dolor de nuestro corazón cinéfilo, la respuesta es un rotundo: mmm, más o menos.
La promesa de una píldora mágica: ¿qué salió mal?
Imagínate: te tomas una pastilla y, ¡pum!, durante cinco minutos eres un dios. ¿El truco? No sabes qué poder te tocará. Podrías volverte invisible, tener una fuerza descomunal o, con un poco de mala suerte, ¡explotar! Esta idea es oro puro para una película de acción y ciencia ficción. La película Proyecto Power se montó sobre esta premisa intrigante, invitándonos a pensar en un mundo donde el poder está al alcance de la mano, aunque sea por un lapso fugaz.
Por ahí nos recordaba un poco a otras cintas donde una sustancia misteriosa desata el potencial humano, ¿verdad? La chispa estaba ahí. Sin embargo, el desarrollo de esta trama prometedora se sintió como si a mitad de camino al guion se le hubiera acabado el efecto de la pastilla, y todo se desinfló. Lo que pudo ser un viaje épico lleno de adrenalina y dilemas éticos, terminó siendo un recorrido con más baches de los esperados.
¿De qué va la historia en esta película?
La trama nos mete de lleno en Nueva Orleans, donde una nueva droga conocida como “Power” anda haciendo de las suyas. Te da un poder aleatorio por cinco minutos, y la gente la consume como si fuera el pan de cada día, creando un caos tremendo. En este escenario tenemos a:
- Frank (Joseph Gordon-Levitt): Un detective que, para combatir a los criminales que usan Power, se ve obligado a tomarla él mismo. Sí, la ironía es palpable.
- Art (Jamie Foxx): Un exsoldado misterioso que parece saber mucho sobre el origen de la droga y que anda en una misión personal.
- Robin (Dominique Fishback): Una joven dealer que vende Power para ayudar a su mamá y que se ve envuelta en la búsqueda de Art.
Lo que arranca como una búsqueda del origen de esta droga y el misterio de los poderes, rápidamente se desvía. La película Proyecto Power transforma su concepto original en una especie de thriller de venganza y rescate, donde el tema de los superpoderes pasa a un segundo plano. Es como pedir una hamburguesa con papas y que te traigan solo el pan.
Actuaciones que no encienden la chispa
Uno esperaría que con un elenco como el de la película Proyecto Power, al menos las actuaciones compensaran los posibles baches del guion. Pero, ¡ay, caray!
- Jamie Foxx: Su personaje, Art, es el misterioso exmilitar con una misión. Foxx tiene la habilidad para estos roles, pero aquí se siente un poco desganado, como si le faltara el “power” a su propia actuación. Es funcional, pero no de esas que te dejan pensando en ella días después.
- Joseph Gordon-Levitt: Su detective Frank, que usa la droga para pelear contra los malos, tiene momentos, pero su arco argumental y sus diálogos se diluyen. No logra generar el impacto que uno esperaría de un actor de su calibre en un papel tan central.
- Dominique Fishback: Es quizá quien más brilla, aportando frescura y honestidad a su personaje de Robin. Es un soplo de aire fresco en medio de la monotonía.
En general, las interpretaciones no logran levantar la historia cuando el guion se debilita. No es que sean malas, es que no son memorables, y eso en una película de acción y ciencia ficción, es un golpe bajo.
Errores y desatinos que te sacan de la pantalla
Si eres de los que disfrutan buscando los detalles y las inconsistencias, la película Proyecto Power te dará material para un largo rato. Las películas de acción a veces sacrifican la lógica por el espectáculo, lo entendemos. Pero aquí, a veces, la falta de coherencia es tan evidente que te saca de la inmersión por completo.
Un ejemplo clásico, que ya se ha vuelto anécdota:
- Un personaje deja su moto destrozada y abandonada en un lugar remoto. Momentos después, ¡sorpresa!, aparece en esa misma moto, a toda velocidad, en otra parte de la ciudad. Uno se pregunta si la moto también tomó “Power” y se autorreparó o se teletransportó.
Estos lapsos de continuidad no son solo errores; rompen la credibilidad de la historia. En lugar de enfocarse en explotar la idea central de los poderes y sus implicaciones, la narrativa se dispersa en subtramas que no terminan de cuajar. Es como si la producción estuviera más preocupada por los efectos especiales que por contar una historia sólida. El desaprovechamiento de la premisa es el verdadero villano de esta película.
¿Vale la pena darle una oportunidad?
Si lo que buscas es una película para ver sin muchas pretensiones, con explosiones y un par de escenas de acción decentes, y no te molesta que el argumento sea un poco disperso, quizás la película Proyecto Power te entretenga por un rato. Es de esas que pones para tener algo de fondo o cuando ya viste todo lo demás.
Sin embargo, si eres de los que esperan una trama bien construida, personajes profundos y que el concepto principal sea explotado al máximo, entonces es probable que esta cinta te deje con ganas de más. La idea era fantástica, el potencial enorme, pero la ejecución se quedó en el “casi”. Es una película que prometía ser una descarga eléctrica y terminó siendo un ligero chispazo.
