Reseña de la película Bloodshot (2020)
Cuando Vin Diesel se lanza a la pantalla grande para darnos una dosis de acción, generalmente sabemos qué esperar: explosiones, frases contundentes y una física que desafía cualquier lógica conocida. Con la llegada de la película Bloodshot, adaptación del cómic de Valiant Comics, la promesa era aún mayor: un superhéroe con nanotecnología, inmortal y con sed de venganza. En el papel, la combinación de Vin Diesel con un universo de superpoderes parecía el boleto ganador para una experiencia llena de adrenalina. Sin embargo, a veces el universo cinematográfico conspira de maneras misteriosas, y lo que parecía una apuesta segura, terminó siendo más bien un tropiezo ruidoso en la oscuridad.
La nanotecnología prometida y la realidad de una trama con amnesia
Imaginemos un soldado de élite que muere, pero es resucitado con nanobots que lo hacen invencible. Suena genial, ¿verdad? La película Bloodshot arranca con esta premisa, presentando a Ray Garrison (Vin Diesel) como un súper-soldado regenerativo, un arma viviente de último modelo. El doctor Emil Harting (Guy Pearce), un genio de la nanotecnología, es el creador detrás de esta maravilla, o pesadilla, tecnológica. Hasta aquí todo bien, la historia tiene un potencial enorme para secuencias de acción impactantes y un héroe imparable.
El problema comienza cuando la trama se enreda en un laberinto de recuerdos implantados y manipulaciones. Bloodshot es utilizado como un títere, su memoria reiniciada una y otra vez para cazar a los “villanos” que su “pasado” le dicta. Esta idea, aunque interesante en su concepto, se ejecuta de una manera que más que intrigar, termina por agotar. Uno espera ver al buen Vin Diesel repartiendo golpes con su nueva invulnerabilidad, no una sesión de terapia existencial cada veinte minutos. La película se pierde en su propio intento de ser profunda, olvidando que su principal atractivo debería ser, precisamente, la acción desenfrenada que promete su género.
Vin Diesel: ¿Héroe de acción o maniquí con músculos?
Es innegable que Vin Diesel tiene un carisma particular. Sus papeles suelen ser de tipos rudos, con pocas palabras pero mucha presencia. Sin embargo, en la película Bloodshot, su actuación parece quedarse en piloto automático. El personaje de Ray Garrison, con todo y su tragedia, se siente plano y sin matices. Es difícil conectar con su sufrimiento cuando su expresión es la misma que usaría para ordenar un café o para salvar el mundo.
El elenco de apoyo, aunque cuenta con nombres como Guy Pearce, Eiza González y Sam Heughan, no logra levantar el barco. Pearce, a quien hemos visto brillar en otros papeles, aquí se siente desaprovechado, su villano se reduce a un científico loco genérico con poca profundidad. Los compañeros del equipo de Bloodshot, también mejorados cibernéticamente, son más accesorios para la acción que personajes con los que el público pueda identificarse. Se supone que deberían añadir diversión y dinamismo, pero terminan siendo tan unidimensionales como su protagonista. Una lástima, porque la química entre los personajes es clave en este tipo de historias.
Cuando el drama se come la acción: El cerebro de la película Bloodshot
Uno de los mayores errores de esta producción es su obsesión con el drama personal del protagonista. La película quiere que nos preocupemos por la identidad de Bloodshot, su pasado manipulado y su búsqueda de la verdad, pero lo hace de una manera que interrumpe constantemente lo que mejor sabe hacer: la acción. Las escenas de combate, que deberían ser el plato fuerte, se sienten esporádicas y, a veces, incluso repetitivas.
- Poca variedad en la acción: A pesar de los superpoderes, las peleas carecen de la creatividad que uno esperaría de un héroe con nanobots.
- Ritmo cansado: La mezcla de acción intermitente con diálogos dramáticos poco inspirados hace que la película se alargue innecesariamente, sintiéndose más de lo que dura en realidad.
- Confusión temática: Intenta ser una historia de venganza, un drama existencial y una película de superhéroes todo en uno, sin dominar ninguna de las facetas.
La producción de esta cinta tuvo sus complicaciones, con una especie de alianza entre estudios que, quizás, no permitió una visión clara y unificada. El resultado es una película Bloodshot que tiene destellos de lo que pudo haber sido, pero que se diluye en una ejecución que no logra cumplir con las expectativas. Si buscabas una explosión de adrenalina sin complicaciones, es probable que esta cinta te deje más bien con la sensación de que te estafaron con los efectos especiales.
Al final, la película Bloodshot termina siendo un recordatorio de que ni siquiera una premisa de cómic genial, un actor de acción taquillero y la promesa de nanotecnología pueden garantizar el éxito si la ejecución falla. Quizás el camino de este antihéroe en la gran pantalla no era el que esperábamos, dejándonos con ganas de una versión que, de verdad, nos hiciera sentir la furia y el poder que su nombre promete.
