Recordando ridículos

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De repente un buen día empiezas a hacer un recuento de todas las cosas que has hecho; un recuento de cosas, situaciones y experiencias que te atormentan cada que las recuerdas, y no hablo de cosas significativas, problemas existenciales o los temibles “y si yo hubiera”, yo hablo de cuando haces el ridículo, esas experiencias mini traumantes que se guardan en un lugar privilegiado en la memoria y se activan bajo la menor provocación y trae a tu mente recuerdos tan vividos que puedes sentirlos como si fuera el día de hoy.

A lo largo de nuestra vida todos hemos hecho el ridículo, todos, no lo nieguen; algunos en menor medida que otros eso es un dato innegable, pero lo que no podemos negar es que de niños, adolescentes o adultos hemos sufrido de lapsus brutus que se han merecido unas buenas carcajadas de todos los espectadores.

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No sé ustedes pero a mi si me agobia recordar mis ridículos algunas veces me pregunto cómo es posible que haya hecho eso, ¿acaso estaba drogada?, noooooooooo, simplemente soy la persona más awkward del planeta, eso o Mr. Bing me traslado su maldición.

Hay quienes recuerdan sus anécdotas graciosas con una sonrisa en la boca, yo lo hago con angustia, como si de nuevo lo viviera, seguramente es mejor revivirlo con la perspectiva de que fue gracioso, pero a mí de verdad que me apena la cantidad y la calidad de ridículos que he hecho en la vida, es que de verdad lo juro, no entiendo como pude haber hecho esas cosas.

Hay como me acuerdo de cuando hable por un minicelular de menos de 5 cm de alto y ancho, lo pasaba del oído a la boca cada que tenía que hablar y luego escuchar, maldita sea, que acaso no se le ocurrió a mi estúpido cerebro que el micrófono de ese estúpido celular era potente, ¿en serio Yesica?, supongo que esa vez Ivette y Toño se rieron mucho de mí, viendo como usaba su mini cel y seguramente esa anécdota llego a oídos de todos en la universidad, pero, todos tuvieron la decencia de no decirme nada, seguro porque no suena tan gracioso como lo fue ese día.

Eso pasa, cada que cuentas un chiste o una experiencia que en su momento resulto muy graciosa, los que la escuchan no encuentran la gracia o no entienden el chiste, supongo que en el translate se perdió lo chistoso, eso o simplemente a veces tienes que estar en el lugar correcto en el momento indicado para presenciar el ridículo y aparatoso show de alguien más, que en mi caso siempre soy yo la protagonista.

Supongo que estaré destinada por el resto de mis días a ser un chiste andante, lo bueno para mi es que todavía no me siguen con cámaras las 24 hrs, así no se documentan mis tonterías, odiaría ser la siguiente “Edgar” del youtube porque me hicieron llorar en un tronco.

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