Razones para renunciar a un trabajo

Hay decisiones en la vida que tomamos sin pensar demasiado, como enamorarnos de la persona menos indicada o comernos esos cinco tacos al pastor con mucha salsa a las tres de la mañana. Simplemente nos dejamos llevar por la emoción del momento porque sentimos que el resultado será pura felicidad y cero arrepentimiento. Sin embargo, cuando se trata de nuestra vida laboral, la historia cambia drásticamente y la espontaneidad debe quedarse guardada en un cajón. Deberíamos ser mucho más analíticos al momento de aceptar un puesto, pero sobre todo, al momento de buscar las razones para renunciar a un trabajo. No es que exista una fórmula mágica o una receta infalible que debas seguir al pie de la letra para tomar la gran decisión, ya que se trata de una experiencia sumamente personal que requiere cabeza fría, mucho cálculo matemático y honestidad para no terminar viviendo bajo un puente.

Antes de armar un escándalo digno de telenovela dramática y salir por la puerta grande de la oficina lanzando los papeles al aire, es fundamental hacer una pausa táctica para evaluar tu cruda realidad financiera. Tienes que ser brutalmente sincero contigo mismo sobre el capital que tienes ahorrado para sobrevivir al codiciado pero peligroso estatus de desempleado. Revisa tus gastos mensuales fijos, esos que no perdonan mes con mes, y pregúntate si cuentas con el respaldo moral y económico de alguien más, ya sean tus padres, tu pareja o alguna amistad dispuesta a patrocinar tu crisis existencial. Además, date una vuelta por las bolsas de empleo actuales; analizar la cantidad y calidad de las vacantes reales te dará un buen baño de agua fría para ajustar tus expectativas frente a lo que verdaderamente ofrece el mercado laboral hoy en día.

Principales razones para renunciar a un trabajo sin mirar atrás

Una vez que superaste el mini infarto de revisar tu estado de cuenta bancario y sigues firme en tu decisión de volar hacia nuevos rumbos, es hora de evaluar de forma objetiva lo que está pasando en esa oficina. Existen señales luminosas gigantescas que te indican que tu ciclo laboral ha caducado y que huir estratégicamente es la mejor alternativa para tu paz interior.

  • Es prácticamente imposible sobresalir: Si sientes que estás estancado en la misma silla desde que entraste y que progresar o conseguir un ascenso es más difícil que ganarse la lotería sin comprar boleto, algo anda muy mal. Nunca has logrado un aumento ni mejoras en tu posición, a pesar de dar tu máximo esfuerzo y ponerte la camiseta de la empresa todos los días.
  • Levantarte es una pesadilla diaria: Si cada mañana el sonido de la alarma te provoca ganas de llorar y literalmente ir a cumplir tus funciones se siente como un castigo divino que debes pagar, tu cuerpo te está mandando señales de auxilio urgentes. Cada día es más pesado y frustrante hacer tus tareas operativas, y ya olvidaste por completo lo que era sentirte cómodo o motivado frente a tu monitor.
  • Tu jefe es un destructor de autoestima: Trabajar con un superior que no solo ignora tus triunfos épicos, sino que se dedica a minimizar tus logros constantemente y criticarte hasta por tu forma de respirar, es de las mejores razones para renunciar a un trabajo. Nadie merece pasar sus horas en un ambiente tóxico donde el esfuerzo genuino pasa totalmente desapercibido y solo te hacen sentir como un simple número más haciendo bulto en la nómina.
  • La empresa navega sin brújula: Las personas que lideran tu centro laboral no tienen ningún sentido de dirección, propósito o meta clara para avanzar hacia el futuro. Cuando la compañía entera parece un barco hundiéndose lentamente sin un plan de rescate, es el momento ideal para buscar tu propio salvavidas antes de que te arrastren hacia el fondo con ellos.

Tomar la valiente decisión de botar todo por la borda nunca es un camino sencillo, especialmente cuando las deudas no dejan de llegar y la quincena se esfuma misteriosamente en los primeros tres días del mes. Sin embargo, aferrarse con uñas y dientes a un lugar que drena por completo tu energía, aniquila tu creatividad y no te ofrece un futuro digno, termina saliendo muchísimo más caro a largo plazo. Analiza muy bien tus cartas, prepara un buen colchón financiero para no sufrir de más y, cuando decidas dar el gran salto, hazlo con la seguridad de que buscar tu bienestar es la mejor inversión de tu vida. Al final del día, tener el valor y la convicción de renunciar a un trabajo que te hace profundamente infeliz es el paso indispensable para encontrar ese lugar soñado donde sí valoren tu talento, se rían de tus chistes y te paguen lo que realmente mereces ganar.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com