Razones por las cuales el final de Servant es malísimo
Ver una serie que te atrapa, que te tiene al filo del asiento durante temporadas enteras, es una experiencia única. Te encariñas con los personajes, te rompes la cabeza intentando descifrar los misterios y te preparas para un desenlace que ponga todo en su lugar. Pero, ¿qué pasa cuando ese final llega y te deja más confundido que antes, sintiendo que te jugaron una broma pesada? Eso es exactamente lo que nos sucedió con Servant, la aclamada serie de M. Night Shyamalan. Después de cuatro temporadas de suspenso, intriga y bebés de dudosa procedencia, muchos sentimos que el final de Servant es malísimo, dejándonos con un sabor agridulce y más preguntas que respuestas.
La gran incógnita sin resolver: ¿Quién era Leanne de verdad?
Una de las principales frustraciones que dejó el final de Servant es malísimo fue la forma en que se trató el arco de Leanne Grayson. Durante 40 episodios, la serie construyó a este personaje como el epicentro de todo lo sobrenatural, la causa de la locura y la esperanza para la familia Turner. Se nos prometió una revelación monumental sobre su naturaleza, sus poderes y el enigmático Culto de los Santos Menores. Sin embargo, el desenlace optó por una ambigüedad que, en lugar de enriquecer la historia, la desinfló por completo.
Muchas de las grandes preguntas que nos mantuvieron pegados a la pantalla quedaron flotando en el aire como fantasmas sin rumbo:
- ¿Cuál era la verdadera conexión de Leanne con lo divino y lo terrenal?
- ¿Qué eran exactamente los “poderes” que manifestaba?
- ¿Cómo funcionaba realmente el Culto de los Santos Menores y cuáles eran sus verdaderas intenciones?
- ¿Qué significaba la resurrección de los “muertos” que la rodeaban?
La serie jugó con nuestras expectativas al pintar un mundo donde lo mágico era real, solo para diluirlo en un final que parece querer tener un pie en cada lado, sin comprometerse con ninguno.
Un final que huele a “continuará”… pero sin promesas
Una teoría que surge para justificar por qué el final de Servant es malísimo es la posibilidad de que todo fuera un preámbulo para un spin-off. Piénsalo bien: el Culto de los Santos Menores queda con tanto misterio que podría ser el centro de su propia serie. O incluso, la evolución de Julian Pearce, quien en los últimos momentos se insinúa como un posible “nuevo creyente”, podría ser el protagonista de una secuela.
Si este fuera el caso, la forma en que cerraron (o no cerraron) Servant se sentiría como una movida comercial, más que una resolución artística. Dejar a la audiencia con un sinfín de cabos sueltos, con la esperanza tácita de un futuro que tal vez nunca llegue, es un riesgo grande. Un final de serie debe sentirse como un cierre, no como un tráiler extendido para lo que podría venir. Es como que te preparen el platillo más elaborado, te lo pongan enfrente, y al momento de probarlo, te digan: “Ah, pero lo rico viene en la segunda parte”.
Cuando lo sobrenatural se choca con lo “lógico”
Otro punto que hace que el final de Servant es malísimo fue la inconsistencia en su narrativa. Durante las últimas temporadas, Sean Turner, el esposo, intentaba entender la verdadera naturaleza de Leanne y sus poderes, incluso hablando de “pactos fáusticos” y fenómenos que desafiaban la razón. Parecía que la serie se preparaba para una revelación épica que abrazaría por completo el lado sobrenatural que siempre prometió.
Pero justo cuando estábamos a punto de sumergirnos en esa explicación, llegó el Tío George. De repente, una voz que intentaba ser la de la razón, explicaba ciertos eventos inexplicables como fruto de “trastornos mentales” o ilusiones colectivas. Este giro, que recuerda a la famosa película La Visita del propio M. Night Shyamalan, donde se intenta dar una explicación lógica a eventos aparentemente sobrenaturales, simplemente no aterrizó bien en Servant. ¿Por qué? Porque la serie ya había establecido demasiado fuerte su premisa de lo mágico y lo inexplicable como para echarse para atrás de golpe.
La mezcla de explicaciones racionales y sobrenaturales en un mismo final, sin un claro ganador, dejó una sensación de ambigüedad confusa y poco satisfactoria. No es que no nos guste que nos hagan pensar, pero un final debe sentirse coherente con el tono que la serie ha mantenido. Y Servant terminó siendo un laberinto sin salida, donde muchas de las historias y desarrollos de personajes que tanto disfrutamos quedaron sin el cierre que merecían. Es una pena que una serie tan bien construida en su atmósfera y suspenso, se despidiera con una nota tan discordante.