Razones para ver Pedro Páramo en Netflix

Si alguna vez te dejaron de tarea en la preparatoria leer a Juan Rulfo y terminaste más confundido que un turista en el metro en hora pico, esta es tu oportunidad de redención. La nueva adaptación cinematográfica que llegó a la plataforma de streaming ha dado mucho de qué hablar, y no es para menos. Ver Pedro Páramo en esta versión dirigida por Rodrigo Prieto es una experiencia visual que te atrapa, aunque no sepas si los personajes están vivos, muertos o simplemente muy cansados de la vida.

Esta película no es solo “otra adaptación más”. Estamos hablando del debut como director de Rodrigo Prieto, el cinefotógrafo de cabecera de Martin Scorsese y Alejandro González Iñárritu. Imagínate la calidad visual: cada cuadro parece una pintura al óleo, lúgubre y polvorienta, que casi te hace sentir el calor seco de Comala en la piel. La estética es tan impresionante que podrías pausar la película en cualquier momento y tendrías un fondo de pantalla digno de museo.

Un elenco que le da vida (y muerte) a Comala

Uno de los puntos fuertes para decidirte a ver Pedro Páramo es el reparto. Manuel García Rulfo carga con el peso del cacique, y lo hace con una presencia que impone miedo y lástima a partes iguales. Pero quien roba cámara es Tenoch Huerta como Juan Preciado, guiándonos por ese pueblo fantasma donde los murmullos son más ruidosos que los gritos. Además, ver a actores de la talla de Dolores Heredia, Ilse Salas y Roberto Sosa, garantiza que las actuaciones tienen ese nivel de intensidad dramática que Rulfo merece. No son solo caras bonitas sufriendo; son almas en pena muy convincentes.

La producción no escatimó en gastos. El diseño de producción a cargo de Eugenio Caballero (sí, el mismo de El Laberinto del Fauno) y Carlos Y. Jacques, junto con el vestuario de Anna Terrazas, te sumergen en un México rural atemporal, mágico y aterrador. Es curioso cómo lograron que un lugar tan desolado se sienta tan lleno de historias. Si eres fan del realismo mágico, aquí te vas a dar un banquete, porque la línea entre lo real y lo sobrenatural se borra con una elegancia que pocas veces se ve en el cine nacional.

La narrativa visual y sonora

Otra razón para ver Pedro Páramo es cómo se maneja el sonido y la atmósfera. En el libro, los murmullos son clave, y en la película, el diseño sonoro te envuelve de tal manera que sientes que te están susurrando los secretos de los muertos al oído. La música de Gustavo Santaolalla añade esa capa de melancolía necesaria para entender la tragedia de Pedro y de todos los que tuvieron la desgracia de cruzarse en su camino. Es una experiencia inmersiva que se disfruta mejor con las luces apagadas y un buen sistema de audio (o unos audífonos decentes).

Quizás pienses que ya te sabes la historia de memoria, pero el guion de Mateo Gil logra estructurar la narrativa fragmentada de Rulfo de una forma que, aunque sigue siendo compleja, es mucho más digerible para el lenguaje cinematográfico. No te voy a mentir, sigue siendo un rompecabezas, pero uno muy bello de armar. Es de esas cintas que te dejan pensando un buen rato después de los créditos, intentando conectar quién le dijo qué a quién y en qué año (o en qué vida).

Finalmente, esta producción es un orgullo para la industria. Se filmó en San Luis Potosí, capturando paisajes que son protagonistas por derecho propio. Apoyar este tipo de cine, que se arriesga con clásicos literarios tan “intocables”, es vital. Así que, prepara las palomitas, apaga el celular y disponte a ver Pedro Páramo, porque te aseguro que Comala nunca se había visto tan espectralmente hermosa. Es una carta de amor al cine, a la literatura y a nuestros fantasmas.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com