Quieres ser un crítico de cine y no sabes cómo

Todos tenemos a ese amigo (o quizá tú eres ese amigo) que al salir de la sala, mientras se sacude las migajas de palomitas de la ropa, suelta un discurso de veinte minutos sobre por qué el final de la película no tuvo sentido. Sentimos una necesidad casi biológica de compartir si amamos u odiamos lo que acabamos de ver. Pero hay un trecho enorme entre despotricar en la cena después del cine y dedicarse de manera profesional al análisis de cintas. La idea de que te paguen por sentarte a ver historias suena al trabajo soñado, casi como si fuera una estafa maestra al sistema laboral, pero la realidad es mucho menos glamorosa y más exigente. Ser un crítico de cine no es solo tener una opinión fuerte; es tener las herramientas para defenderla sin caer en el simple “me gustó” o “me aburrió”.

La gente suele pensar que este oficio se trata de destruir el trabajo de los demás con palabras elegantes, o al contrario, de alabar ciegamente lo que los festivales europeos dicen que es bueno. Nada más lejos de la verdad. Convertirse en un analista serio requiere disciplina, un estómago fuerte para ver cosas terribles sin perder la cordura y, sobre todo, una curiosidad insaciable por entender cómo se construyen las narrativas visuales. Si de verdad te interesa dar el salto de espectador casual a profesional, prepárate, porque el camino implica mucho más que una suscripción a Netflix.

Lo que nadie te dice sobre ser un crítico de cine

El primer golpe de realidad es que tu gusto personal, aunque sea exquisito, no es suficiente. Para ser un crítico de cine con credibilidad, necesitas construir un “disco duro” mental lleno de referencias. No puedes hablar de cine de terror moderno si nunca has visto el expresionismo alemán o los slashers de los ochenta. Tienes que ver de todo: lo bueno, lo malo y lo que es tan malo que da risa. Un verdadero crítico es un omnívoro visual.

Además, hay ciertas habilidades que debes desarrollar si no quieres quedarte hablando solo en un blog que nadie lee:

  • Cultura general amplia: El cine se alimenta de la literatura, la política, la historia y la pintura. Si no entiendes el contexto del mundo, difícilmente entenderás el subtexto de una película.
  • Capacidad de análisis técnico: No basta con hablar de la trama. Debes saber identificar cuándo la edición está salvando una escena o cuándo la fotografía está contando algo que los diálogos callan.
  • Una voz propia: Internet está lleno de reseñas genéricas. Tu estilo al escribir debe ser único, honesto y, a veces, valiente para ir en contra de la corriente si es necesario.
  • Resistencia al aburrimiento: Vas a tener que ver cintas de tres horas donde no pasa nada, y aun así, tendrás que encontrar algo valioso o interesante que decir sobre ellas.

La importancia de ver más allá de la trama

Uno de los errores más comunes de los novatos es convertir la crítica en un resumen de la historia con spoilers. Eso no es crítica, eso es contarle el final a alguien que no fue. Si tu objetivo es ser un crítico de cine respetado, tu trabajo es desmenuzar el “cómo” y el “por qué”, no solo el “qué”. Tienes que preguntarte: ¿Qué intentó decir el director con ese plano secuencia? ¿Por qué la música en esa escena te hizo sentir incómodo?

Aquí es donde entra la parte divertida y ocurrente: aprender a detectar los trucos. Con el tiempo, empiezas a notar cuando un guion es flojo y usa “deus ex machina” (soluciones mágicas sacadas de la manga) para resolver problemas, o cuando un actor está sobreactuando tanto que parece que está en una obra escolar. Desarrollar este ojo clínico es lo que separa a los aficionados de los profesionales. Y sí, a veces te volverás esa persona insoportable que arruina la magia para los demás señalando errores de continuidad, pero es un gaje del oficio que tendrás que asumir con orgullo.

Construyendo tu camino en el medio

No esperes que el New York Times te llame mañana para ofrecerte una columna. El camino para ser un crítico de cine suele empezar desde abajo, escribiendo gratis o por muy poco dinero, solo por la pasión de hacerlo. Es una carrera de resistencia. Hoy en día, las plataformas digitales son tu mejor aliado y tu peor enemigo. Cualquiera puede abrir un canal de YouTube o una cuenta de TikTok y empezar a opinar, lo que significa que la competencia es brutal.

Para destacar, la constancia es tu mejor arma. Escribe, graba o publica incluso cuando no tengas ganas. La práctica hace al maestro, y en este caso, la práctica afina tu pluma y tu criterio. Busca comunidades, debate con respeto (aunque en internet eso sea pedir un milagro) y, sobre todo, nunca dejes de aprender. El cine cambia, las narrativas evolucionan y tú tienes que moverte con ellas. No te quedes estancado pensando que “todo tiempo pasado fue mejor”, porque te perderás las joyas que se están produciendo hoy en día en rincones del mundo que ni siquiera sabías que tenían industria fílmica.

Al final del día, lo más gratificante de ser un crítico de cine no es tener la razón, sino abrirle una puerta al público. Cuando logras que alguien vea una película que de otra forma hubiera ignorado, o que entienda una capa de profundidad que se le había escapado, ahí es cuando todo el esfuerzo de ver cientos de horas de metraje cobra sentido. Es un trabajo de traducción: traduces emociones e imágenes a palabras para que otros puedan disfrutarlas (o evitarlas) con mayor conocimiento.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com