¿Quién se guardó el boleto del estacionamiento?

¿Hay algo más frustrante que llegar a la maquinita del estacionamiento, listo para escapar del centro comercial (después de gastar toda la quincena), y darte cuenta de que… ¡nadie tiene el boleto del estacionamiento!? En ese momento, sientes que la vida te odia y que estás a punto de entrar en una dimensión desconocida.

Es como si el boleto del estacionamiento tuviera patas y saliera corriendo en cuanto entras al centro comercial. ¿Dónde se esconde? ¿Quién lo tiene? ¿Por qué siempre desaparece en el momento más inoportuno?

Empieza el interrogatorio: “¿Quién se quedó con el mugre boleto?”, gritas desesperado. Todos te miran con cara de “yo no fui, fue Teté”. Nadie sabe, nadie vio. El boleto del estacionamiento se ha convertido en un enigma digno de Expediente X.

Y ni hablar de lo que pasa si de plano no encuentras el dichoso boleto del estacionamiento. ¡Prepárate para el show! Tienes que llenar un formulario, mostrar tu identificación, explicar cómo fue que perdiste el boleto (como si fuera un objeto mágico que se evapora en el aire) y, para colmo, pagar una multa de quinientos pesos (o más, dependiendo del estacionamiento). ¡Es un robo a mano armada!

La maldición del estacionamiento

A veces, siento que los estacionamientos están malditos. No solo pierdes el boleto del estacionamiento, sino que también te pierdes buscando tu coche. Das vueltas y vueltas por los pasillos, te cruzas con otros conductores igual de perdidos que tú y empiezas a dudar de tu capacidad para orientarte. ¿En serio, es tan difícil recordar en qué nivel y qué letra dejaste el coche?

Y, por supuesto, está el factor tiempo. Tienes quince minutos (¡quince minutos!) para salir del estacionamiento después de pagar. Si te pasas, te cobran otra hora. Así que, la búsqueda del boleto del estacionamiento y del coche perdido se convierte en una carrera contra el reloj. ¡Es un mini paro cardiaco garantizado!

Al final, la experiencia de perder el boleto del estacionamiento es algo que todos hemos vivido (o viviremos). Así que, la próxima vez que vayas al centro comercial, amarra el boleto a tu mano, memoriza la ubicación de tu coche y reza para que la maldición del estacionamiento no te alcance. ¡Suerte!

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com