Queremos saberlo todo al instante

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Y entre más rápido, mejor.

Vivimos en la era de la información, pero no solo consumimos enormes cantidades de datos, oh no señor, nooo, al mismo tiempo, y con la misma premura con la cual queremos información, también queremos mucha información, la queremos aquí, y ahora, sin importar que no nos sirva para nada, el hecho es saber.

Creo que, ahora, las grandes conclusiones de esta vida, es que necesitamos saber, y encima de eso, queremos mucha información, que casi siempre, no podemos procesar, y no por la calidad de información, sino por la cantidad, y es que, después de todo, necesitaríamos grandes discos duros mentales, para poder almacenar y procesar esa enorme cantidad de información que demandamos diariamente.

Supongo que partimos de la necesidad de saber, y que se grabó muy bien en nuestro ADN la necesidad de conocimiento; digo, hace muchos años, tenía una gran utilidad el conocimiento colectivo y entre más supiéramos, todos, mejor; supongo que esa herencia genética se quedó en nosotros y tenemos muy a “flor de piel” la necesidad constate e impetuosa por conocimiento, un hambre poderosa de saber.

Pero, acaso ¿solo queremos saber por saber?, o ese impulso de saber, es determinado y particular, y solo queremos saber lo que es valioso o relevante.

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Preguntas interesantes, con respuestas muy complejas, y a veces, nuestra sed de información es meramente curiosa, como una especie de adicción, en la cual no nos preocupamos o no nos preguntamos porque estamos aprendiendo, conociendo o de que nos informamos, es simplemente una adicción morbosa en la que consultamos y devoramos información y las redes sociales, han acrecentado esta patológica adicción, en la que solo queremos saber, como una dosis de bienestar, pero es efímera, mientras nos embriagamos de la falsa sensación de conocimiento, y sin analizar, sin pensar, solo queremos más información, como monstruos hambrientos que no entienden, que no analizan, pero si queremos más información.

Nos urge la información, nos angustia no saber, nos desesperamos por la urgencia de saber, aun cuando no queremos saber, o es irrelevante saber.

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Eso me parece enfermizo; ahora, yo sé, nuestra necesidad de saber, tiene una razón, y antes, el desconocimiento era una norma, eso despertó una sed imparable de búsqueda de la información; pero ahora, con tantos datos, y estando sobre informados, también estamos en el desconocimiento.

No sé trata de leer por leer, no se trata de consumir información por consumir información, creo que el debate es que hacemos con esa información, y porque queremos saber, aun cuando no queremos saber.

De esto me percate ayer, cuando veía un capítulo de televisión, lo más irrelevante del mundo, un capitulo que encerraba un misterio, que, a esas horas del día, ya había sido develado en internet, y no pude, no me pude resistir, y una especie de manifestación corporal, como un drogadicto en abstinencia, mi cuerpo temblaba, mis manos sudaban, y todo era, porque aún no tenía información, y en este caso, era información absurda, ridícula, pero el no saberla, me hacía mal, y esto sobrepasaba la curiosidad, era un verdadero malestar por no saber.

En ese momento me di cuenta, de cuanta es nuestra necesidad compulsiva por saber algo, que no es relevante, imagina como será nuestra necesidad por saber aquello que creemos es importante saber.

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