Qué es lo que quieren las mujeres
Parece que descifrar la mente femenina es una de esas misiones imposibles que ni el agente más picudo de las películas podría resolver sin terminar con un dolor de cabeza monumental. Desde tiempos inmemoriales, el género masculino se ha quebrado la cabeza intentando encontrar la fórmula secreta, el mapa del tesoro o de pérdida un manual de instrucciones básico que no venga en otro idioma. La realidad es que a veces ni nosotras mismas nos ponemos de acuerdo, y es que entre los cuentos de hadas que nos vendieron de morritas y la presión de la vida diaria, traemos un relajo mental que ni el mejor psicólogo podría desenredar a la primera. No se trata de leer la mente como en esas películas viejas de Hollywood, porque si ese fuera el requisito, estaríamos todos fritos; se trata más bien de entender que la comunicación y la empatía son las únicas herramientas reales que tenemos para no terminar peleados por ver qué vamos a cenar.
A veces los hombres piensan que lo único que buscamos es que nos bajen la luna y las estrellas, pero la neta es que nuestras necesidades son mucho más terrenales y, al mismo tiempo, más profundas. Mientras que ellos suelen ser más prácticos y se conforman con buena compañía y un poco de acción, las mujeres operamos con un sistema operativo mucho más complejo que requiere actualizaciones constantes y un montón de atención a los detalles. Para entender de verdad lo que quieren las mujeres, hay que dejar de lado los prejuicios y aceptar que somos una mezcla contradictoria de deseos que a veces no tienen ni pies ni cabeza, pero que en el fondo solo buscan una cosa: sentirnos valoradas por quienes somos realmente, con todo y nuestros días de mal humor.
La lista interminable sobre lo que quieren las mujeres
Si nos pusiéramos a escribir una lista de deseos, probablemente nos acabaríamos todos los cuadernos de la papelería y todavía nos faltarían hojas. El problema es que muchas veces lo que pedimos se contradice totalmente con lo que realmente nos hace vibrar, y ahí es donde empieza la verdadera bronca para cualquier valiente que quiera aventurarse en una relación:
- El galán de revista: Queremos un tipo que parezca modelo, con los cuadritos marcados y que sepa vestirse de diez, pero que al mismo tiempo sea sencillo y no se tarde más que nosotros arreglándose frente al espejo.
- El intelectual sensible: Nos encanta que sea culto y que hable tres idiomas, pero que no sea un presumido y que sepa llorar con una película romántica sin que se sienta menos hombre por eso.
- El exitoso pero presente: Buscamos a alguien con lana, autos y éxito profesional, pero que tenga todo el tiempo del mundo para escucharnos platicar cómo nos fue en la chamba sin estar viendo el celular cada dos minutos.
- El rudo romántico: Queremos un hombre que nos proteja y sea valiente, pero que nos escriba notitas cursis y nos traiga flores sin que sea una fecha especial.
Esta montaña rusa de expectativas es lo que vuelve locos a los hombres, y la verdad es que tienen razón en estar confundidos. Muchas veces esa idealización del amor nos hace buscar a un superhéroe que no existe, en lugar de enfocarnos en lo que realmente necesitamos para ser felices. Entender lo que quieren las mujeres implica reconocer que nuestra química corporal y nuestras hormonas juegan un papel importante en cómo percibimos el mundo; a veces un “no” significa un “sí” gritado en silencio, y un enojo por algo insignificante en realidad esconde una preocupación mucho más grande que no sabemos cómo expresar sin sonar intensas.
Lo ideal sería que todos fuéramos más directos y nos dejáramos de juegos mentales que solo sirven para perder el tiempo. No se trata de comprar diccionarios de traducción de géneros ni de irse a vivir a planetas diferentes como dicen los libros de autoayuda baratos. La clave está en la aceptación total. Cuando una mujer se siente segura, escuchada y sobre todo aceptada con todas sus locuras y contradicciones, deja de buscar ese ideal inalcanzable. Al final del camino, sin importar cuántas vueltas le demos al asunto, lo más importante es el respeto y la conexión real que se genera cuando dos personas deciden netearse y mostrarse tal cual son.
Para dejar de sufrir con esta pregunta milenaria, lo mejor es dejar de buscar respuestas complicadas y empezar a poner atención a las pequeñas cosas. No hace falta electrocutarse para leer pensamientos ni volverse un experto en filosofía; basta con estar presente y entender que, a veces, lo único que se necesita es un abrazo sincero y alguien que sepa aguantar el ritmo de nuestra compleja pero divertida forma de ser. Así es como realmente se descubre lo que quieren las mujeres, dejando que la autenticidad gane la partida por encima de cualquier cuento de hadas que nos hayan contado antes.