Preguntas estúpidas que no deberían contestarse
Todos hemos pasado por ese momento incómodo en el que alguien nos lanza un cuestionamiento tan obvio que dan ganas de pedir que el mundo se detenga un segundo. No es mala onda, pero parece que de repente a la gente se le olvida conectar el cerebro antes de abrir la boca. Estamos hablando de esas preguntas estúpidas que te hacen cuando vas saliendo de la peluquería con el cabello cortito y te sueltan un “¿te cortaste el pelo?”. Pues no, fíjate que se me encogió con la humedad del ambiente o se me cayó por el susto de verte. Ese tipo de situaciones son el pan de cada día y, honestamente, dan ganas de mandar a hacer unos trofeos de esos que venden en el Centro, grabarlos con la frase “ganador a la duda más brillante del año” y entregarlos con toda la ceremonia del mundo a quien se atreva a decir semejante cosa.
Ejemplos de preguntas estúpidas que nos sacan de onda
Parece que existe un manual secreto que todos consultan para desesperar al prójimo. Son frases que no aportan nada y que solo sirven para que uno ponga cara de fuchi. Lo peor es que te las dicen con una cara de total sinceridad, como si de verdad esperaran una respuesta profunda. Aquí te van unas joyitas que seguro te han aplicado:
- Cuando te ven tirado en el suelo después de un ranazo épico y te preguntan “¿te caíste?”. No, estoy checando si el piso está bien nivelado o si hay hormigas platicando aquí abajo.
- Ese clásico de “¿ya llegaste?” cuando te ven entrando por la puerta de la casa después de tres horas de tráfico en el periférico.
- La típica de “¿estás dormido?” cuando tienes los ojos cerrados, la luz apagada y hasta estás roncando un poquito.
- Preguntar “¿dónde perdiste las llaves?” mientras las estás buscando como loco. Si supiera dónde las perdí, ya las tendría en la mano, ¿no crees?
A veces la audacia de la gente sube de nivel y pasan de lo obvio a lo completamente absurdo. Hace poco me pasó que alguien, sabiendo que me encantan los animales, me preguntó si le podía conseguir un perro schnauzer de la nada. Me quedé helado. ¿De dónde sacan que uno tiene un criadero clandestino bajo la cama o que ando traficando mascotas por la vida? Es una de las preguntas estúpidas más grandes que me han hecho en la década. Una cosa es que me guste el diseño gráfico o que pueda conseguirte unos boletos para el cine, pero pedirme un perro como si fuera un kilo de tortillas es otro nivel de desconexión con la realidad. Solo me faltó que me preguntaran si lo quería miniatura o gigante para terminar de reventar de la risa.
Es mejor quedarse con la duda que soltar una frase que te haga quedar como alguien que no tiene ni tantito sentido común. Usar el buscador es gratis y te ahorra la pena de que tus amigos te miren con cara de “por favor, ya cállate”. Al final, a muchos nos ganan las ganas de contestar con sarcasmo pesado, pero nos aguantamos por mera educación. Sin embargo, hay un límite. Si alguien te sale con una de estas preguntas estúpidas, lo más sano para tu paz mental es simplemente sonreír, dar media vuelta y seguir con tu chamba o lo que sea que estuvieras haciendo. No vale la pena gastar saliva en explicar cosas que hasta un niño de primaria entendería por pura lógica.
Aprender a identificar cuándo estamos a punto de decir algo sin sentido nos puede salvar de situaciones bien bochornosas. La próxima vez que veas a alguien ocupado o en una situación evidente, muerdete la lengua antes de lanzar una de esas preguntas estúpidas que solo sirven para confirmar que no estás poniendo atención a lo que pasa frente a tus ojos. La vida es mucho más sencilla cuando dejamos de cuestionar lo obvio y nos enfocamos en pláticas que de verdad valgan la pena. Si de plano no puedes evitarlo, prepárate para recibir una respuesta llena de ironía que te recordará que el sentido común, aunque dicen que es el menos común de los sentidos, sigue siendo necesario para sobrevivir al día a día.