¿Por qué fracasa una cita?

La respuesta podría estar más cerca de lo que crees, y no siempre tiene que ver con que el universo esté en tu contra. A veces, simplemente, las cosas no se alinean: llegas con el pelo perfecto pero olvidas que ese restaurante nuevo solo acepta efectivo, o te lanzas a hablar de tu pasión por los cactus y tu acompañante tiene un trauma infantil con una biznaga. La verdad es que fracasar en una cita es tan común como encontrarse un chicle pegado en el zapato al salir del cine, y quizás deberíamos dejar de verlo como un desastre y más como un material anecdótico de primera.

Las expectativas desbordadas suelen ser el primer paso para que una noche prometedora se convierta en un episodio digno de memeo. Llegamos imaginando una conexión de película, con diálogos ingeniosos y miradas que dicen más que mil palabras, pero la realidad suele ser más torpe: tropiezos, silencios incómodos y la inevitable pregunta de si pedir la cuenta antes de que llegue el postre. Cuando fracasa una cita, muchas veces es porque cargamos sobre ella el peso de un futuro hipotético, en lugar de disfrutar el presente con sus imperfecciones y risas genuinas.

Otro clásico motivo por el que fracasa una cita es la falta de autenticidad. Intentar ser quien no eres, exagerar logros o fingir intereses es agotador y, tarde o temprano, la máscara se cae. No hay nada más incómodo que sostener una conversación sobre un tema que dominas solo porque creíste que sonaba interesante en un perfil de app. La magia, cuando existe, nace de la naturalidad, de permitir que el otro vea tus rarezas y tus pasiones reales, aunque eso signifique hablar demasiado de tu colección de piedras o de tu receta secreta de chilaquiles.

La tecnología, aunque nos acerca, también puede ser un gran aliado del fracaso. Estar más pendiente del teléfono que de la persona que tienes enfrente es un gesto que, sin decir nada, comunica desinterés. Esa pausa para revisar una notificación puede romper el ritmo de una conversación que iba bien, creando un vacío difícil de llenar. En una época de hiperconexión, la desconexión voluntaria durante unas horas podría ser el mejor regalo que le das a una posible conexión.

Al final, que fracase una cita no es un veredicto sobre tu valor personal. Es simplemente un indicador de que, en ese momento, con esa persona, la química no fue la adecuada. Y está bien. Cada encuentro es una oportunidad para aprender algo nuevo, ya sea sobre ti mismo, sobre lo que buscas o simplemente para acumular una historia graciosa que contar después. La presión por hacer que todo sea perfecto suele ser el ingrediente secreto para el desastre; a veces, soltar el control y reírse de los imprevistos es lo que convierte un buen plan en una gran anécdota.

La próxima vez que sientas que todo se derrumba porque la conversación no fluyó o porque el guacamole llegó sin cilantro, recuerda que no estás solo. Millones de citas en todo el mundo están, en este mismo instante, tomando un giro inesperado. Lo verdaderamente importante no es evitar el fracaso, sino cómo decides contarlo después. Con un poco de humor y perspectiva, incluso la peor cita puede convertirse en tu mejor historia.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com