Por qué es tan difícil cumplir una promesa
¿Alguna vez han prometido ir al gym religiosamente, dejar de comer tacos a medianoche o, de plano, cumplir una promesa básica como llamar a tu abuelita cada semana? Si la respuesta es sí (y sé que lo es), ¡este texto es para ti! Vamos a desmenuzar por qué somos tan buenos para prometer y tan malos para cumplir.
¿Por qué nos encanta prometer? La ciencia detrás del “sí, lo haré” (que nunca hacemos)
Prometer es fácil, ¡hasta delicioso!, es como imaginarte en la playa con una piña colada en la mano, sin tener que lidiar con el tráfico, el bloqueador pegajoso y los vendedores ambulantes. Prometer nos da una sensación de control y de que somos capaces de lograr lo que nos propongamos. Es un shot de dopamina que nos hace sentir poderosos… hasta que llega el momento de actuar.
El autoengaño: nuestro peor enemigo al cumplir una promesa
Aquí es donde la cosa se pone turbia. Resulta que somos expertos en autoengañarnos. Nos decimos a nosotros mismos: “Ahora sí voy a estudiar”, “Mañana empiezo la dieta”, “El lunes dejo de procrastinar”… ¡Ajá! Y luego, ¿qué pasa? Nos distraemos con el primer video de gatitos que vemos en internet, nos comemos una torta ahogada a las 2 de la mañana y dejamos todo para el último minuto. ¿Les suena familiar?
El problema es que, muchas veces, prometemos cosas que en realidad no queremos hacer. O que son demasiado ambiciosas para nuestro nivel de compromiso. Es como querer correr un maratón sin haber entrenado ni un solo día. ¡Obviamente vamos a fracasar!
Cumplir una promesa: Un acto de fe (en nosotros mismos)
Entonces, ¿qué podemos hacer para dejar de ser unos “promeseros” incumplidos y convertirnos en personas de palabra? Aquí les van algunos tips:
- Sé realista: No prometas cosas que sabes que no vas a poder cumplir. Empieza con metas pequeñas y alcanzables.
- Escribe tus promesas: Poner tus intenciones por escrito las hace más reales y te ayuda a mantenerte enfocado.
- Busca un cómplice: ¡Dos cabezas piensan mejor que una! Pídele a un amigo o familiar que te ayude a cumplir tu promesa.
- Celebra tus logros: Cada vez que cumplas una meta, ¡date un premio! No tiene que ser algo extravagante, un simple “¡bien hecho!” puede ser suficiente.
¿Por qué es tan difícil cumplir una promesa? La respuesta está en nuestro cerebro (y en nuestros tacos favoritos)
Ahora, vamos a profundizar un poquito más en la psicología detrás del incumplimiento de promesas. Resulta que nuestro cerebro está cableado para buscar la gratificación instantánea. Es decir, preferimos comernos el taco ahora que esperar a tener un abdomen de lavadero en tres meses. ¡Así somos los humanos!
Además, muchas veces no tenemos claros nuestros valores y prioridades. Si no sabemos qué es lo que realmente nos importa, es fácil que nos desviemos del camino y que terminemos incumpliendo nuestras promesas.
Cumplir una promesa: Un camino lleno de obstáculos (y de tentaciones)
Para cumplir una promesa hay que estar conscientes de que el camino no va a ser fácil. Va a haber tentaciones, distracciones y momentos de debilidad. Pero si tenemos claro nuestro objetivo y nos mantenemos enfocados, ¡podemos lograrlo!
Así que ya lo saben, banda. La próxima vez que hagan una promesa, piénsenlo dos veces antes de decir “sí, lo haré”. Y si ya la hicieron, ¡pónganse las pilas y hagan todo lo posible por cumplirla! Recuerden que su palabra es su mayor tesoro (y que los tacos siempre estarán ahí para tentarlos).
Al final del día, cumplir una promesa es un acto de amor propio. Es demostrarte a ti mismo que eres capaz de lograr lo que te propones. Y eso, amigos míos, es algo que vale la pena celebrar (¡con unos buenos tacos, por supuesto!).
