¿Por qué perdemos la cabeza?

Todos hemos estado en ese punto donde el semáforo se pone en verde y el de adelante se queda dormido, o cuando la aplicación del banco decide morir justo cuando vas a pagar la cena y tienes una fila de diez personas atrás de ti. Sentir que perdemos la cabeza es casi un deporte que practicamos sin darnos cuenta, porque parece que el universo se pone de acuerdo para picarnos las costillas en el peor momento posible. No es que seamos personas de mecha corta, bueno, tal vez un poquito, pero la verdad es que el estrés acumulado por las pequeñas tragedias diarias nos convierte en una olla exprés a punto de soltar el vapor. A veces es un comentario fuera de lugar o simplemente que se nos terminó el café lo que hace que el cable nos haga corto circuito y terminemos con cara de pocos amigos frente a medio mundo.

Situaciones donde perdemos la cabeza de forma inevitable

A veces no es una sola cosa grande, sino un montón de piedritas en el zapato que nos van cansando hasta que explotamos. La lógica de alguien que ha pasado tres horas atorado en una avenida principal dice que perdemos la cabeza porque nuestro cerebro entra en modo supervivencia cuando las cosas no salen como queremos. Es ese impulso de querer aventar el control remoto cuando la película se traba o las ganas de llorar cuando se nos cae el último pedazo de taco al suelo, justo el que tenía más salsa. Estas reacciones, aunque se ven muy intensas desde afuera, son la forma en que el cuerpo nos avisa que ya llegamos al límite de nuestra paciencia y que necesitamos un reinicio urgente antes de decir algo de lo que nos arrepintamos cuando se nos pase el berrinche.

Existen momentos clásicos que nos ponen a prueba todos los días:

  • Cuando el repartidor de comida se pierde y tu hambre ya es de nivel legendario.
  • Esa persona que camina lento justo en medio del pasillo y no te deja pasar aunque lleves prisa.
  • Tener que repetir lo mismo cinco veces porque alguien no estaba poniendo atención por estar en el celular.
  • Ver que te dejaron en visto después de escribir un mensaje súper importante y ver a esa persona publicando fotos.

Para evitar que el mal humor nos gane la partida, lo mejor es aprender a reírnos de nuestra propia desgracia antes de que sea tarde. Si ya sabemos que perdemos la cabeza por tonterías, lo ideal es respirar profundo, contar hasta diez y entender que el mundo no se va a acabar porque hoy no hubo del refresco que te gusta en la tienda. Muchas veces el problema no es lo que pasa, sino cómo nos tomamos las cosas, y si aprendemos a soltar un poquito el control, nos daremos cuenta de que no vale la pena gastar bilis por situaciones que mañana ni vamos a recordar. Al final del día, todos tenemos esos momentos donde el juicio se nos va de vacaciones, pero lo importante es saber regresar a la calma antes de que la situación pase a mayores y quedemos como los locos del grupo.

Mantener la cordura en un entorno tan caótico es todo un reto, pero no es imposible si le ponemos un poco de humor a la situación y dejamos de tomarnos todo tan personal. En lugar de enojarte porque el camión no pasa o porque se te olvidaron las llaves, intenta ver el lado chistoso de la situación y compártelo con alguien, verás que la tragedia compartida se vuelve comedia instantánea. Al entender por qué perdemos la cabeza, podemos empezar a identificar esos botones que nos prenden y así evitar que cualquier cosita nos arruine el día por completo. No te tomes todo tan a pecho, recuerda que la vida se trata de disfrutar el camino, incluso cuando ese camino tiene baches que nos sacan de nuestras casillas a cada rato.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com