Pena decir pene

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Tengo que confesar abiertamente que yo era una de esas personas que le daba pena decir pene, tanto que me provocaba una risa incómoda e incontrolada además de que me ponía roja como jitomate. Lo mío era una pena extraña y descomunal al grado que estando sola en mi cuarto, me era para mí imposible decir esa palabra y no hablo de imaginar los genitales masculinos, el simple hecho de decir pene me ruborizaba.

Supongo que crecer en una cultura muy moralista, asexuada y llena de tabúes finalmente término traduciéndose en el hecho de que no pudiera decir en voz alta, como si fuera una palabra vetada de mi vocabulario y era tan notoria mi pena por esos temas que en la secundaria e incluso la preparatoria mis compañeros se burlaban de mi retándome a decir pene en voz alta, lo cual nunca sucedió obviamente, no iba a dignificar esa tontería con una respuesta y además me daba mucha pena decirlo, simplemente de mi boca no salía esa palabra.

Pena decir pene
Como hacerlo si desde chiquita a mí me enseñaron a que esas palabras son privadas, personales e íntimas y si se tenían que decir en público eran veladas o se usaban sinónimos clasificación A y si uno quería decir pene usaba sinónimos como “pilin”, “pajarito” o “tu cosita” y ni se diga cuando se hablaba de mi anatomía eso ni siquiera tenía nombre.

Pero no estoy culpando a mis padres por no tener una franca postura frente a la anatomía y al cuerpo, porque eso era lo normal y uno terminaba expresándose de otras maneras y además yo era extra tímida y el hecho de pensar en un hombre desnudo me provocaba una sonrojes que no podía evitar y para mí en esos tiempos desnudes masculina era un chico sin playera, imagínense.

Supongo que ser tímida e introvertida tuvo muchos contras, pero yo no era la única e incluso hoy en día hay mujeres y hombres de diversas edades que también tienen mucha restricción se incomodan al hablar del cuerpo humano y en vez de referirse a las partes del cuerpo de forma correcta, terminan usando palabras “inocentes” o también vulgares sobre los genitales masculinos o femeninos.

Pero porque carambas nos da tanta pena pronunciar una palabra tan simple, tampoco es que se saque de contexto esta palabra y uno termine repitiéndola como perico en todos lados, pero el hecho de evitarlas incluso cuando es inevitable habla de una cultura opresiva y una mente cerrada frente a un tema muy natural, el sexo, nuestro cuerpo, su práctica y conocimiento.

Afortunadamente se me quitó la pena para decir pene y aquella chica de 26 años que se avergonzaba de escuchar esa palabra ya maduro y comprende su utilización y a veces dependiendo de la persona, el lugar y la relación personal que tenga, a veces podría imaginarlo sin ponerme roja y más bien me quedo con una imagen mental muy agradable, porque la anatomía masculina para mi es lo más bello del mundo.

No debería haber pena, morbo o vergüenza en decir una palabra y más bien debería ser algo natural.

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