Cuando te pasa algo malo cuéntaselo a quien más confianza le tengas

La vida a veces nos pone cada caramelito amargo… Uno cree que va a ser un día normal, pero, algo sale mal. Y ahí estás, con el ceño fruncido, pensando que la mala suerte te persigue. Pero, ¿sabes qué? En esos momentos, cuéntaselo a quien más confianza le tengas.

¿Por qué compartir tus problemas?

A veces, uno piensa que puede solo con todo. Que mostrar vulnerabilidad es signo de debilidad. ¡Error! Compartir tus problemas con una red de apoyo, amigos o familiares, no solo te alivia, sino que fortalece tus lazos con las personas que te quieren. Es como cuando le echas agüita a una planta marchita: revive.

Además, cuando te pasa algo malo cuéntaselo a quien más confianza le tengas porque esa persona puede ofrecerte una perspectiva diferente. A veces, estamos tan metidos en el problema que no vemos la salida. Un amigo, un familiar, tu pareja… alguien que te conozca bien puede darte un consejo valioso o, al menos, hacerte reír un poco para que te olvides del asunto por un momento.

El arte de elegir a quién contarle tus penas

Ojo aquí, no se trata de irle a contar tus problemas al primero que se te cruce. No todos tienen la capacidad de escuchar y ofrecer un buen consejo. Por eso es importante elegir bien a quién le abres tu corazón. Busca a esa persona que siempre te ha apoyado, que te escucha sin juzgar y que sabes que te dirá la verdad, aunque duela. Esa persona es la indicada para escuchar tus penas.

Cuéntaselo a quien más confianza le tengas, pero también prepárate para escuchar. La amistad y el apoyo son una calle de doble sentido. Si quieres que alguien te escuche cuando lo necesitas, también debes estar dispuesto a escuchar cuando esa persona te necesite a ti.

Al final, compartir tus problemas es un acto de valentía. Requiere confianza en ti mismo y en la otra persona. Es reconocer que no tienes todas las respuestas y que necesitas ayuda. Y eso no te hace menos fuerte, al contrario, te hace más humano.

Así que la próxima vez que la vida te dé un golpe bajo, no te encierres en ti mismo. Busca a esa persona especial, cuéntaselo a quien más confianza le tengas y verás cómo el peso se aligera y la luz vuelve a brillar. Y recuerda, ¡a darle que es mole de olla!

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com