Para hablar con alguien se requiere valor

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Y no se requiere cualquier clase de valor, oh no señor, se requiere coraje y mucha valentía para empezar una nueva conversación y ese miedo o esa valentía es indirectamente proporcional a que tanto conoces una persona, es decir, si es un desconocido o alguien que apenas comienzas a conocer, hablar con esa persona requiere de mucho valor. Y bueno, también para los tímidos, a ellos realmente les toma mucho, mucho valor hablar con alguien.

Ah como me acuerdo cuando era niña, súper tímida, bien introvertida y muy rara, en aquellos años para mí el valor de hablar tenía proporciones épicas; lo que para muchos era el simple acto de decir lo que pensaban para mí eso requería un tremendo coraje, un coraje del cual yo carecía así que mientras reunía todo el valor que se encontraba en mi ser, tenía que contar hasta 10 para poder decir algo, pedir ayuda o hablar con cualquier ser humano.

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Oh Dios, eso era una tortura en la escuela, de verdad una tortura, por ello fui el rol a seguir los 3 años que estuve en la escuela religiosa, para las hermanas que daban clases yo era la niña ideal, no hablaba, no me movía, no socializaba con nadie, y claro, eso sucedía porque yo era muy tímida e incapaz de hacer contacto con cualquier persona; además, sucedió en ese tiempo de mi vida un fenómeno extraño, no solo era rara, tímida, introvertida, me vestía raro y tenía un peinado diferente, no, encima de eso, en la escuela de monjas yo era la niña pobre, esa niña con la que ninguna niña quería hablar, porque yo era pobre, bien en esa época tengo como varios traumas reprimidos de la niñez pero bien escondidos, afortunadamente.

Pero bien, yo no era pobre, hablando de extrema pobreza, pero los orígenes de mi familia cuando esta comenzaba eran humildes, algo de lo que nunca me he avergonzado, porque esos años con esas carencias y viviendo esa vida, yo descubrí quien era, incluso en una edad muy temprana; comprendí el valor de las cosas, el valor de trabajo y valorar cada cosa que tengo. Fue un camino difícil, lo fue, pero fue divertido y me hizo quien soy hoy en día.

Así que no, no me pongas violines tristes para la historia más triste de navidad, no, yo fui un caso de éxito, uno de esos extraños casos de éxito que pasan en México y la persona más tímida, con origines humildes, tiene un gran panorama para volar alto, y no, no estoy presumiendo. Por qué eh, o sea primero crees que busco hacerte llorar y luego crees que alardeo, nooooo, para nada, solo te cuento una historia que esta encadenada a otra y esta tiene que ver con la primaria, y no en el colegio de monjas, que afortunadamente mi mamá me saco de esa horrible escuela, separatista en la que cuánto dinero tenías para gastar en el recreo decía cuantos amigos tenías; hasta que todo cambio y llegue a la escuela de gobierno.

No cambio mucho, únicamente la gente ya no me veía como la niña rara, que se vestía chistoso, no hablaba y era pobre, noooooo, en la escuela de gobierno solo era la niña rara que se vestía chistoso y no hablaba, pero como venía de una escuela de paga, entonces nadie tampoco me quería hablar, jajajajajajaja, LO SÉ, SIEMPRE ESTUVE JODIDA POR NO PERTENECER A NINGUN LUGAR, historia de mi vida, pero luego lo acepte.

Sin embargo en aquellos años era para mí casi imposible hablar, es más, pedirle ayuda a la maestra porque el bravucón de toda la escuela, justo se sentaba detrás de mí, siendo yo su hobbie personal, porque era incapaz de defenderme o pedir ayuda, así que todas las mañanas cuando estaba aburrido antes del recreo, era buena idea para él, cortarme el pelo, pero yo vivía en pánico, un pánico y no porque él me fuera a hacer algo más, sino porque no tenía el valor de hablar, así que siempre me decía: “lo vas a acusar cuando termine la cuenta y llegues al diez”, pero siempre que llegaba al 10, volvía a contar 10 más y nunca tenía el valor de hablar. Y no solo era para defenderme de Iván, apodado el terrible, no, incluso cuando terminaba mis apuntes, mis ejercicios o hasta para ir al baño, siempre tenía que contar 10, pero 10 nunca era suficiente.

Así que se dé buena fuerte que hablar, requiere el valor más grande que una persona pueda tener; sé que para muchos hablar es fácil y solo sucede porque tienen la boca conectada a la cabeza, aunque no precisamente al cerebro. Pero hablar con alguien, requiere mucho valor, y hablar frente a un grupo de personas requiere muchas más veces ese valor; por ello hay muchos cursos, técnicas, libros y todo tipo de consejos y tips para hablar en público y ser un buen orador.

Pero saben cuál es el único secreto que se requiere para hablar, con razón de causa o puras estupideces, lo único que se necesita es confianza y ese valor que uno necesita para entablar una conversación con alguien más, con seguridad, aparece como magia.

No sé en qué punto de mi vida apareció en mí ese poder mágico, esa confianza necesaria para hablar y decir cuánto yo pienso o creo, simplemente un buen día llego esa habilidad y ya no tenía que contar más, afortunadamente. Me gustaría darte un consejo tangible, sobre como vencí ese miedo, pero realmente no sé qué fue que paso, solo sé lo difícil que puede llegar a ser, intentar hablar con alguien.

El otro día que iba en el bus, está bien, corrijo, el otro día mientras iba en el camión, admítelo se oye más glamoroso decir bus que camión o el pesero, ¿VERDAD?
Ese día me pasó algo extraño, y mientras estaba en la baba escuchando mi música, el chico de adelante estaba nervioso, tanto que llamo mi atención para dejar de estar en la baba, mientras en un lapso de 10 minutos, el chico de adelante tomaba valor para hablarme.

Saben, sé que requiere mucho esfuerzo, lo sé, hablar con alguien para entablar una conversación, pero entre más te permitas ser presa de ese tiempo y más alargues tu cuenta de 10 en 10, más difícil será hablar con alguien. Ese pequeño acto, me hizo pensar en modo flashback en todas las veces que me quede sin palabras, pero no solo eso, también recordé todas aquellas veces que las personas han tomado valor para hablar conmigo, y sé que se requiere más valor para hacerlo conmigo, que siempre ando en otro mundo y con cara de pocos amigos, lo sé, pero solo es la cara, no se asusten conmigo.

Pero un consejo de alguien que fue muy tímido, es que nunca cuentes hasta 10, porque el postergar algo, hará que prolongues eso que tanto miedo te da hacer. Cierto, hablar con alguien que no conoces requiere mucho valor, pero muchas veces por culpa de la falta de ese valor puedes estar perdiendo una gran oportunidad o algo tan básico como pedir ayuda.

Ahora en la actualidad, ahora que vencí ese miedo a hablar, puedo decirte que ya nadie me puede callar; así que hazlo, inténtalo, ya sea para pedir direcciones de cómo llegar a un lugar, hacer nuevos amigos o hablarle a alguien que te gusta mucho, hazlo, no te digas como yo lo hice un largo tiempo de mi vida “cuenta hasta 10 y entonces lo haces”, hazlo y ya, total, muchas personas hablan por hablar, que de malo tendría decir Hola soy Yesica, a lo mucho te ven feo y ya.

Entre más cuentes 10 a que pase algo, más es probable que ese pequeño número se haga más y más largo.

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