Renunciar al amor: pros y contras

¿Alguna vez te has levantado, te has visto al espejo y has pensado: “¡Ya, basta! Se acabó. A partir de hoy, le doy de baja a mi suscripción al amor”? Esa sensación de agotamiento después de varias citas desastrosas, relaciones que terminaron en drama o simplemente la fatiga de buscar a tu “media naranja” en un mundo lleno de aguacates. Es una fase por la que muchos pasamos, donde la idea de mandar al amor a la banca de por vida empieza a sonar como la solución más lógica y pacífica. Si estás en ese punto, relaja la pestaña, que no estás solo.

¿Por qué demonios pensamos en renunciar al amor?

La vida es una tómbola de emociones, y el amor, con sus altibajos, a veces parece más un maratón con obstáculos que un paseo por el parque. Después de unos cuantos tropezones o desengaños, es normal que el chip se queme y el cuerpo pida un descanso. El cerebro empieza a hacer cuentas y los resultados arrojan un déficit emocional importante. “Para qué le sigo, si siempre termino igual”, “Todos son iguales”, “Mejor me quedo en mi casita con mis frituras y Netflix”.

Esta idea de renunciar al amor no es un capricho. Es una respuesta, muchas veces, a:

  • Corazones rotos crónicos: Cuando el pegamento ya no da para más.
  • Decepción tras decepción: Citas que prometían mucho y entregaron nada.
  • El drama constante: Pelear por la tapa del inodoro, por el “visto” o por el lugar en el sillón.
  • La búsqueda infructuosa: Parece que Cupido tiene mala puntería contigo.
  • El cansancio emocional: Invertir tiempo, energía y sentimientos para terminar como al principio.

Cuando estos puntos se acumulan, la fantasía de vivir una vida sin ataduras románticas empieza a brillar con una luz muy tentadora. Pero como todo en la vida, hasta la idea de renunciar al amor tiene sus bemoles.

Los “pros” de mandar el amor a volar (¡con sombrero y todo!)

Si ya te hartaste de Cupido y sus flechas chuecas, seguramente la lista de beneficios de una vida sin romanticismo ya está tatuada en tu alma. Pero por si necesitas un empujón para celebrar tu “soltería eterna”, aquí te van unos cuantos:

  • Paz mental garantizada (o casi): ¡Adiós a los celos, las explicaciones, las suposiciones y las discusiones por cualquier bobada! Tu cerebro, por fin, podrá concentrarse en temas importantes, como qué vas a cenar o cómo vencer al jefe final de tu videojuego.
  • Cuenta bancaria feliz: Las cenas elegantes, los regalos de aniversario, los viajes para reavivar la chispa… todo eso se traduce en dinero que ahora puedes gastar en TI. ¡Unos zapatos nuevos, un viaje solo, un maratón de antojitos sin culpa!
  • Control total del control remoto: No más peleas por qué ver en la tele. Tú mandas, tú eliges, tú disfrutas tus maratones de series sin interrupciones ni comentarios.
  • Libertad absoluta: Puedes irte de fiesta con quien quieras, salir a la hora que te dé la gana, o simplemente no salir. Tu tiempo es TU tiempo, y nadie te pide explicaciones. ¡Vivir sin rendir cuentas es un lujo!
  • Adiós a la depilación obligatoria: Sí, así como lo lees. Si no hay alguien que juzgue, ¡la libertad del vello es tuya! (Humor, eh).
  • Crecer a tu propio ritmo: Sin presiones ni expectativas ajenas, puedes enfocarte en tus proyectos, hobbies y en convertirte en la mejor versión de ti mismo, sin tener que “acomodarte” a alguien más.

Y ahora, los “contras”: ¿realmente queremos renunciar al amor?

Aunque la idea de vivir sin dramas y con la cama para ti solo suena como el paraíso, hasta la soltería más deseada tiene su lado B. Y es que el corazón es necio y, de vez en cuando, te recordará lo que te estás perdiendo.

  • La soledad, esa amiga que a veces no invitaste: Al principio es fabuloso tener tu espacio, pero luego llega ese domingo lluvioso, esa serie que quieres comentar o ese antojo de un helado a la medianoche, y de pronto extrañas tener con quién compartirlo.
  • ¿Quién te hace el paro?: Si te enfermas, necesitas ayuda con una mudanza o simplemente quieres desahogarte después de un mal día, la falta de esa persona especial que siempre estaba ahí se hace notar.
  • La chispa de la vida: Aunque el amor trae dramas, también trae risas, complicidad, apoyo incondicional y momentos inolvidables. La vida sin ese condimento puede volverse un poco… ¿sosa?
  • Perderte “al bueno”: Qué tal si justo en tu fase de renunciar al amor aparece esa persona que realmente valdría la pena. ¿La dejarías pasar por tu promesa de ermitaño romántico? Es una pregunta que te perseguirá.
  • El temido “modo automático”: A veces, estar en pareja nos saca de nuestra zona de confort, nos impulsa a crecer, a explorar cosas nuevas. Sin esa dinámica, podrías estancarte un poco.
  • ¿Con quién verías el final de tu serie favorita?: ¡Esa es una tragedia!

Al final, la decisión de renunciar al amor es muy personal y, a menudo, es una fase. Es como cuando dices que nunca más volverás a comer cierto platillo después de un empacho, pero a la semana ya se te antojó de nuevo. Tómate tu tiempo, disfruta de tu soledad (si es lo que necesitas), sana tus heridas y aprende de tus experiencias. Pero no cierres la puerta por completo. El amor, con todo y sus cositas, es parte de la vida. Y quién quita y te sorprende cuando menos te lo esperas, con una historia menos dramática y más chistosa que las anteriores.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com