Oigan por fin soy popular

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Por fin, después de casi una década mi sueño más profundo de fama social sea cumplido; por fin y después de tantas noches en vela, deseando que la gente supiera mi nombre de pila sin tener yo la menor jodida idea de quien sea esa persona, por fin ha sucedido, estoy muy emocionada de que la gente por fin sepa quién es Yesica Flores y no solo eso, me llamen, me escriban, me platiquen y ¿cómo sé que soy popular?, mmmmm, simple tengo 9 notificaciones de interacción con PERSONAS REALES y ninguna de ellas es mi mamá, mi hermano o mi papá.

Y en realidad aquí no hay sarcasmo off, en realidad tengo que confesarlo y uno de mis sueños de la infancia y adolescencia es que las personas me conocieran por lo que hago, por mi chispa, por mi personalidad, porque soy popular. Se los juro mi desadaptada gorda interna pedía a gritos ser popular.

Lo más irónico de todo esto es que enfrento un gran y distorsionado debate interno, porque mi parte lógica entiende y comprende que la popularidad es un concepto efímero y muy banal para medir o baluarte, pero por otro lado aquella niña gordita, solitaria, sin amigos, introvertida, llena de miedos y complejos me dice que disfrute de las ligeras flores matutinas de los halagos. Realmente todo un dilema, entre sentimientos y lógica.

Seguramente tu también lo has pasado o por lo menos pensado y si en tu infancia, adolescencia o juventud nunca recibiste la atención, seguro te acostumbraste y desarrollaste tu intelecto, hasta eres un ser humano funcional y muy capaz, pero cuando empiezas a ser popular, algo pasa que te embriagas de ese poder, y ahora yo tengo 9 notificaciones, antes solo tenía una y era de Chris, ahora soy popular.

Aquí lo gracioso es que 9 no es un número impresionante, pero cuando pasa de cero a nueve es todo un salto, un pequeño paso para el popular, uno inmenso para el desadaptado que todos llevamos dentro.

Pero en realidad me gustaría decirte que no es importa, las cosas que importan son otras, eventualmente te das cuenta que la popularidad es algo pasajero y muchas de las personas que hoy prefieren tu compañía, puede ser que en determinado momento te den la espalda. Así que nunca midas tu vida por cuantas notificaciones, mensajes o llamadas tienes, sino mejor en cuantas manos realmente te ayudarán a levantarte.

Yo de mientras sigo debatiendo sobre si disfrutarlo o no, aunque se los juro, eso se vuelve adictivo y cada vez buscas más y más atención.

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