Odio a los que se quejan alardeando

Seguro tienes un compa que jura que su vida es una tragedia griega porque su camioneta nueva gasta demasiada gasolina o porque se le cansó la mano de tanto firmar contratos. Es ese tipo de gente que no puede simplemente decir que le va bien, sino que tiene que disfrazar su éxito con una capa de sufrimiento totalmente falso y mamilas. No hay nada más desesperante que alguien que intenta verse humilde mientras te restriega en la cara sus privilegios. Ese fenómeno de los que se quejan alardeando es una plaga moderna que abunda en las comidas familiares y en las reuniones donde alguien siempre quiere ser el centro del universo, pero dándoselas de mártir para que no le tengamos envidia, aunque logren exactamente lo contrario.

Esta gente vive en una burbuja donde sus “problemas” son cosas que el resto de los mortales desearíamos tener. Te cuentan, con un suspiro profundo, lo cansadísimo que es elegir el color del mármol para su cocina o lo difícil que es encontrar una buena niñera bilingüe que no cobre las perlas de la virgen. Es un arte del cinismo puro: te lanzan el anzuelo de la queja para que tú les preguntes más y entonces, ¡pum!, te sueltan toda la información de cuánto les costó el chistecito. Los que se quejan alardeando son expertos en el arte de la falsa modestia, buscando una validación que nadie les pidió y convirtiendo cualquier charla casual en un despliegue innecesario de su “pesada” vida llena de lujos y comodidades.

Por qué nos chocan los que se quejan alardeando

La neta es que esa actitud es una falta de respeto para los que sí tienen broncas reales, como llegar al final de la quincena sin tener que empeñar hasta la risa. Cuando escuchamos a alguien que se la pasa diciendo que su departamento tenga demasiada luz natural y por eso no puede dormir hasta tarde, lo único que queremos es poner los ojos en blanco hasta que nos duela la neta. El problema de los que se quejan alardeando es que creen que somos mensos y que no nos damos cuenta de su jugada. Aquí te dejo unos ejemplos clásicos de este comportamiento que nos hacen querer salir corriendo:

  • El que sufre porque su viaje a Europa fue “agotador” por tanto museo y comida cara.
  • La que se queja de que “ya no le queda su ropa” porque bajó muchísimo de peso sin esforzarse.
  • El que dice que es una maldición tener tanto trabajo porque “todos lo buscan” por ser el mejor en lo que hace.
  • La que se lamenta de que le regalaron algo carísimo que “ni quería” pero que ahora tiene que lucir.

Esa necesidad de aprobación disfrazada de molestia es lo que realmente nos purga el alma. En lugar de ser auténticos y decir “estoy bien feliz con mi chamba nueva”, prefieren decir “ay, no sabes qué horror, ahora tengo tres asistentes y no me dejan ni ir al baño solo”. Esa desconexión con la realidad es lo que hace que los que se quejan alardeando caigan tan gordos. Es como si necesitaran recordarnos constantemente que están por encima de nosotros, pero con un tono de voz que pide compasión. Al final, lo que logran es que la gente se aleje porque a nadie le gusta ser el público de un show de vanidad disfrazado de lamento.

Deberíamos aprender a ser más directos y dejar de lado esas poses que solo sirven para inflar el ego. Si te compraste algo chido o te fue bien en un proyecto, ¡festeja y ya! No necesitas inventar un drama para que no nos sintamos mal por tu éxito. La gente que se la pasa en ese plan de que se quejan alardeando termina viviendo en una soledad muy profunda porque nadie quiere aguantar a un narcisista que se cree víctima de su propia fortuna. Ser honesto sobre lo que uno tiene y lo que uno es, sin necesidad de andar presumiendo por debajo del agua, es lo que realmente te hace una persona valiosa y con la que da gusto platicar.

Ojalá algún día se den cuenta de que sus quejas son el sueño de muchos y que deberían tener un poquito más de clase al hablar de sus logros. Menos teatro y más realidad nos vendría bien a todos para que las reuniones no se conviertan en una competencia de quién sufre más por tenerlo todo. La vida ya es lo suficientemente complicada como para andar aguantando las “tragedias” de los que tienen la cartera llena pero el sentido común bien vacío. Ser humilde de verdad no es ocultar lo que tienes, sino no sentir la necesidad de usarlo para hacer sentir menos a los demás, y mucho menos hacerlo de una forma tan hipócrita.

Esa gente que presume sus éxitos disfrazándolos de problemas solo genera rechazo social. Odio a los que se quejan alardeando y prefieren la falsa modestia sobre la honestidad.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com