Por qué nunca queda como en YouTube

Seguramente te ha pasado: te encuentras con un video en YouTube donde alguien prepara una receta complicadísima en cinco minutos, arregla esa gotera del lavabo con dos clips y un chicle, o se maquilla como estrella de cine con cuatro brochazos. Ves el resultado final, el “antes y después”, y piensas: “¡Ah, caray! Eso se ve facilísimo, yo también lo puedo hacer”. Te llenas de entusiasmo, pones manos a la obra con toda la buena voluntad del mundo y, ¿qué crees? Al final, aquello nunca queda como en YouTube. Es más, a veces el resultado es tan desastroso que te hace dudar de tus propias habilidades o de la honestidad de la internet.

Desastres culinarios: Cuando el platillo parece de otro planeta

Uno de los campos donde esta decepción es más frecuente es en la cocina. El chef del video corta vegetales con una destreza de ninja, sella carnes como si fuera magia y decora pasteles como un artista del Renacimiento. Tú, por otro lado, terminas con trozos irregulares, una costra chamuscada en la sartén y un pastel que se ve como si hubiera sido pisoteado por una parvada de patos. El “platillo estrella” que prometía ser una delicia gourmet termina pareciendo más bien un experimento fallido de química. Y es que el “secreto” del youtuber, ese detalle mínimo que pasa por alto en la edición, es justo lo que nos hace falta para que nuestro resultado nunca queda como en YouTube.

Belleza con efectos especiales: El maquillaje que te hace villano

Pasemos al mundo de la belleza, otro campo minado de expectativas frustradas. La influencer se aplica la base en segundos, difumina sombras con una suavidad asombrosa y dibuja un delineado perfecto con un solo trazo. Mientras, frente al espejo, tú te ves con más parches que un pirata, las sombras parecen moretones y el delineado… bueno, el delineado hace que parezcas recién salido de una película de terror, o que te hayas pintado con la mano izquierda en un camión en movimiento. Lo que en el video era “natural y radiante”, en tu reflejo se convierte en una especie de payaso triste o un personaje de caricatura mal dibujado. Es frustrante ver cómo aquello que prometía realzar tu belleza, hace que el resultado nunca queda como en YouTube.

Reparaciones imposibles: Cuando el “hágalo usted mismo” se convierte en “llame a un profesional”

Y no olvidemos las reparaciones caseras. El tutorial muestra cómo cambiar una llave de agua con una pinza y un desarmador en un minuto. Te animas, desatornillas esto, jalas aquello, y de repente, el agua brota como si hubieras perforado una tubería principal. O intentas arreglar un mueble que el video prometía “restaurar fácilmente”, y terminas con un montón de tablitas sin forma y tornillos sueltos, más destruido que antes. En lugar de ahorrar dinero, acabas gastando el doble en un plomero o en un carpintero que viene a solucionar tu desastre. La facilidad del video se desvanece y la realidad golpea con fuerza: nunca queda como en YouTube.

La verdad detrás de por qué nunca queda como en YouTube

Entonces, ¿somos nosotros los torpes? ¿O hay algo que no nos están contando? La verdad es que un poco de ambos, pero con un peso mucho mayor en el segundo. Los videos de YouTube, especialmente los más populares, están editados con maestría. Cortan los errores, aceleran los procesos aburridos y presentan solo el “highlight reel” de la creación. Además, quien lo explica suele tener años de experiencia, herramientas profesionales que no tenemos en casa y un sinfín de trucos que no se transmiten con una simple descripción. Suelen saltarse pasos clave, dan por hecho conocimientos previos o, simplemente, simplifican demasiado la complejidad de la tarea. No es que no se pueda hacer, es que la manera en que nos lo muestran nos engaña sobre la curva de aprendizaje real.

Esos tutoriales cumplen su objetivo: captar nuestra atención y conseguir reproducciones. Pero la promesa implícita de que cualquiera puede replicar el resultado con la misma facilidad… esa es la que casi nunca queda como en YouTube. Quizá sea hora de darnos un respiro, reírnos de nuestros desastres y recordar que la realidad, con sus imperfecciones y sus fracasos, es mucho más divertida y auténtica que el mundo pulcro y perfectamente editado de la pantalla. Y si de verdad queremos lograr algo, a veces es mejor buscar el consejo de la abuela, del vecino o, de plano, llamar a un profesional.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com