Cuándo no quieres cooperar

Todos hemos tenido ese lunes fatídico en el que el despertador suena y lo único que deseamos es que el mundo se detenga un poquito para seguir dormidos. La neta es que hay días específicos cuándo no quieres cooperar con absolutamente nada ni nadie, desde la tía que te pide ayuda para configurar su celular hasta el compañero de la oficina que jura que todos deben participar en el intercambio navideño. Esa sensación de “hoy no” es más común de lo que parece y no te hace una mala persona, simplemente te convierte en alguien que valora su paz mental por encima de las expectativas sociales que a veces se sienten más pesadas que una losa de cemento. No es falta de ganas, es que a veces la batería social está en el uno por ciento y lo único que queremos es aplicar la de desaparecer un rato del mapa.

Guía de supervivencia para esos días cuándo no quieres cooperar

A veces la presión social nos empuja a decir que sí a todo, pero la verdad es que poner límites es un arte que deberíamos practicar más seguido. Imagina que es viernes por la tarde, ya terminaste la chamba y solo quieres llegar a tu casa a ver una serie sin que nadie te moleste, pero de pronto cae el mensaje en el grupo de amigos para ir a unos tacos que quedan al otro lado de la ciudad. Es precisamente en esos momentos cuándo no quieres cooperar con el plan colectivo porque tu energía está en modo de ahorro. No importa si te inventas una excusa blanca o si simplemente aplicas el “no puedo”, lo importante es reconocer que forzarte a convivir cuando no tienes ganas solo hará que termines de mal humor y que nadie disfrute de tu compañía, la cual suele ser excelente pero hoy está de vacaciones.

  • Cuando en la oficina piden una coperacha voluntaria pero obligatoria para el pastel de alguien que ni te saluda en el pasillo.
  • Esa reunión familiar donde te piden que vayas por el mandado justo cuando ya te habías quitado los zapatos y estabas cómodo en el sillón.
  • Los grupos de mensería que no dejan de sonar con memes que ya viste hace tres días y esperan que te rías de nuevo.
  • El amigo que te pide que le ayudes a mudarse de casa un domingo a las siete de la mañana, prometiendo que habrá comida pero sin dar detalles.

En lugar de sentir culpa por ese deseo de aislamiento temporal, hay que entender que el ocio también se trata de no hacer nada. Esos ratos cuándo no quieres cooperar con el sistema son los que te permiten reconectar contigo mismo y recargar pilas para cuando realmente sea necesario echarle montón a un proyecto o apoyar a un ser querido. La vida ya es lo suficientemente complicada como para estar siempre disponible para los caprichos de los demás, así que la próxima vez que te sientas como el gruñón en medio de una fiesta, recuerda que tienes derecho a decir que no y a disfrutar de tu propia soledad sin tener que dar explicaciones que a nadie le importan realmente.

Entender tus propios límites es la clave para mantener una relación sana con tu entorno. No se trata de ser un ermitaño que vive en una cueva, sino de elegir tus batallas y tus momentos de entrega total. Apreciar esos espacios de rebeldía silenciosa te ayuda a que, cuando decidas participar, lo hagas de corazón y no por compromiso, logrando que tus interacciones sean mucho más reales y menos fingidas. Dale permiso a tu mente de tomarse un descanso de la amabilidad extrema y disfruta de ese silencio que solo llega cuando decides que hoy es uno de esos días en los que simplemente prefieres quedarte al margen de todo el ajetreo exterior.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com