Qué hacer cuando alguien te dice: No hagas caso

Seguro te ha pasado que estás a medio paso de cometer el error más grande de tu semana y, justo en ese segundo de lucidez donde tu cerebro te pide clemencia, llega alguien con la frase que lo arruina todo. Es ese empujoncito al precipicio que nos encanta recibir porque, seamos honestos, a veces nos urge una buena anécdota aunque nos cueste tres días de arrepentimiento. Esa vocecita que te invita a ignorar el peligro es como el amigo que te dice que la salsa no pica cuando claramente está hecha con los chiles más bravos del mercado; sabes que vas a sufrir, pero ahí vas de aferrado a probarle al mundo que tú puedes con todo. La neta es que ese consejo es el motor de las mejores y peores historias que contamos en las fiestas cuando ya estamos en confianza.

Los riesgos de seguir el consejo de No hagas caso

El problema real empieza cuando esa frase se vuelve el pretexto perfecto para apagar la lógica y prender el modo supervivencia por puro gusto. Cuando un amigo te dice No hagas caso, suele ser porque él también quiere ver en qué termina el relajo sin ensuciarse las manos. Es el pase de salida para escribirle al ex a las tres de la mañana o para gastarte la quincena en algo que viste en internet y que claramente no necesitas. Lo más chistoso es que, aunque sepamos que la idea está de la patada, nos convencemos de que somos invencibles y de que, mágicamente, las leyes de la física o de la decencia social no van a aplicar para nosotros en ese momento tan específico.

Si te pones a pensar, hay situaciones clásicas donde decidimos que ignorar las señales de advertencia es el mejor plan de acción:

  • Ese momento donde la etiqueta de la ropa dice “lavado en seco” pero tú decides que la lavadora vieja de tu casa tiene sentimientos y no la va a echar a perder.
  • Cuando el mecánico te explica que ese ruidito en el motor es grave, pero tu primo el que sabe de todo te asegura que con un poco de cinta canela queda como nuevo.
  • Esa cita que huele a problema desde el primer mensaje, pero tus ganas de no estar solo te gritan que el instinto siempre se equivoca.
  • El famoso “un traguito más y ya”, que termina contigo cantando canciones de despecho en un lugar que ni conoces.

Seguir la corriente cuando te dicen No hagas caso es casi un deporte nacional que practicamos sin medir las consecuencias. La adrenalina de hacer algo que sabemos que está mal tiene un sabor especial, aunque luego terminemos pidiendo perdón o buscando cómo arreglar el desastre. La clave aquí es entender que esa frase es una trampa para osos disfrazada de libertad personal. Si alguien te la suelta, lo más probable es que esa persona esté lista para grabar el video de tu caída y no precisamente para ayudarte a levantarte. Es una forma muy sutil de decirnos que la prudencia está sobrevalorada y que la diversión real empieza justo donde termina el sentido común.

A veces, esa frase también viene desde adentro, de ese diablito que todos cargamos en el hombro y que nos incita a saltarnos las trancas. Decidir que No hagas caso a tu propia intuición es el nivel experto de meter la pata con estilo. Al final, lo que nos queda es aprender a distinguir cuándo ese consejo es para quitarnos un miedo absurdo y cuándo es una invitación directa a terminar en el hospital o con el corazón roto. La vida se trata de equilibrar esos momentos de locura con un poquito de realidad para que, la próxima vez que alguien te aviente ese reto, por lo menos lo hagas sabiendo que el golpe va a estar bueno.

La próxima vez que escuches ese mantra de No hagas caso, tómate tres segundos para respirar y pensar si lo que sigue te va a dar risa en un año o si te va a dar pena ajena mañana mismo. Casi siempre es lo segundo, pero pues la neta, nadie nos quita lo bailado. Solo asegúrate de tener un plan de escape o, de perdida, un buen pretexto para cuando te pregunten por qué decidiste que era buena idea ignorar todas las señales rojas que tenías enfrente. La sabiduría popular dice que de los errores se aprende, pero de las tonterías por elección propia se sacan las mejores lecciones de vida y un montón de risas.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com