Niños de hoy, terroristas modernos

¿Alguna vez has estado en una comida tranqui y de pronto un chamaco empieza a gritar como si lo estuvieran exorcizando porque no le prestaron el celular? Todos hemos pasado por ese momento incómodo en el que te dan ganas de salir corriendo o de aplicar la técnica de la chancla voladora, pero te detienes porque, claro, no es tu hijo. Los niños de hoy tienen una energía que parece sacada de una planta nuclear y, seamos honestos, a veces tienen más mañas que un político en campaña. No es que uno sea amargado, pero lidiar con estas pequeñas versiones miniatura de negociadores expertos es un deporte extremo que nadie nos avisó que tendríamos que practicar cada vez que vamos al súper o a una reunión familiar.

La diferencia entre aguantar a tu propia bendición y tener que chutarle al hijo malcriado de tu compa o del vecino es abismal. Cuando son tuyos, pues ya sabes por dónde masca la iguana y cómo controlarlos, pero cuando te toca cuidar a uno ajeno que te contesta como si fuera tu jefe, la cosa se pone color de hormiga. Los niños de hoy ya no se conforman con un dulce o un carrito; ahora te exigen la contraseña de la red inalámbrica y te hacen un berrinche nivel mundial si el video no carga en alta definición. Parecen pequeños terroristas emocionales que saben perfectamente qué botones apretar para que termines haciendo lo que ellos quieren con tal de que guarden silencio cinco minutos.

Comportamientos típicos en los Niños de hoy

Lograr identificar estas tácticas de manipulación infantil es fundamental para no perder la cabeza en el intento. Aquí hay algunos puntos clave que definen a estas nuevas generaciones y que nos hacen cuestionarnos seriamente si nosotros éramos igual de intensos cuando estábamos chiquitos:

  • Tienen una capacidad de negociación que ya quisiera cualquier ejecutivo, logrando convencerte de que el brócoli es veneno puro y que necesitan chocolate para sobrevivir.
  • Poseen una habilidad tecnológica nata; manejan la tableta mejor que tú el control remoto, y pobre de ti si intentas quitársela antes de que termine su juego.
  • La falta de filtros al hablar es su arma secreta, soltando verdades incómodas frente a las visitas o en la fila del banco sin el menor remordimiento.
  • Su resistencia al sueño desafía las leyes de la física, activándose con toda la pila justo cuando tú ya estás a punto de desmayarte del cansancio.

El verdadero reto surge cuando te topas con esos ejemplares que no conocen los límites y cuyos padres parecen haber desaparecido en combate o simplemente decidieron que el libre desarrollo significa dejar que el niño destruya el restaurante. Aguantar una grosería de un extraño de un metro de altura pone a prueba toda tu educación y paciencia, especialmente cuando sabes que no puedes decir nada sin que te miren como si fueras el villano de una película de suspenso. Los niños de hoy crecen en un entorno donde todo es inmediato, y esa falta de paciencia se traduce en una urgencia constante que puede volver loco a cualquiera que no esté acostumbrado a lidiar con berrinches de alto nivel.

Sobrevivir a la convivencia con estas nuevas generaciones requiere de un temple de acero y, posiblemente, de unos tapones para los oídos bien puestos en los momentos críticos. No se trata de odiar a la infancia, sino de reconocer que la crianza ha cambiado tanto que a veces nos sentimos fuera de lugar tratando de entender su lógica. Los niños de hoy son el reflejo de un mundo acelerado y, aunque a veces nos saquen de nuestras casillas con sus ocurrencias y berrinches, también nos obligan a ser más creativos para mantener el orden. Aprender a poner límites con una sonrisa, o de plano saber cuándo retirarse a tiempo de la zona de conflicto, es la única forma de mantener la cordura en un mundo donde los más pequeños parecen llevar la batuta.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com