Reseña de la serie Narcos México

Ver series de crímenes se volvió casi un deporte nacional cuando se estrenó esta joya en la pantalla. No podías ir a una comida familiar o una reunión con amigos sin que alguien mencionara el estilo de Rafa Caro Quintero o lo imponente que se veía el Jefe de Jefes en sus mejores años. La serie Narcos México no solo fue un éxito rotundo, fue un fenómeno cultural que nos tuvo a todos pegados al televisor, tratando de entender cómo se armó todo ese relajo en los ochenta. La calidad de la imagen, los carros de época y esa sensación de que todo estaba a punto de tronar hicieron que fuera imposible dejar de verla un solo segundo.

El salto que dio la franquicia desde tierras sudamericanas hacia el norte fue un movimiento maestro que pocos veían venir con tanta fuerza. Muchos pensaban que iba a ser más de lo mismo, pero Narcos México demostró tener una identidad propia, mucho más enfocada en la estrategia política y en cómo un solo hombre, Miguel Ángel Félix Gallardo, pudo sentar a todos los jefes de plaza a la misma mesa. Es impresionante ver la transformación de los actores; Diego Luna se avienta un papelazo que te hace sentir esa frialdad de quien está dispuesto a todo por el poder. No es solo un desfile de balazos y persecuciones, es una partida de ajedrez donde el que se equivoca termina bajo tierra o en una celda de la que no se sale.

El elenco que hizo brillar a Narcos México

Lo que realmente elevó el nivel fueron las actuaciones secundarias que, para ser honestos, se robaron el show en más de una ocasión. Don Neto, interpretado por el gran Joaquín Cosío, se convirtió en el favorito de muchos por ese carisma de tío regañón pero extremadamente peligroso que siempre tiene la frase adecuada para el momento. También tenemos a Michael Peña, que le puso alma a la tragedia del agente Kiki Camarena, recordándonos que detrás de los grandes operativos hay personas reales con familias que sufren las consecuencias. La serie Narcos México supo equilibrar muy bien la ficción con los hechos reales, aunque a veces la realidad superaba por mucho lo que veíamos en el guion.

  • La participación de Alejandro Edda como un joven Joaquín nos dio un vistazo a los inicios de alguien que años después dominaría las portadas de los periódicos.
  • Los cameos de personajes de temporadas anteriores fueron el regalo perfecto para quienes venían siguiendo la saga desde las historias de Cali y Medellín.
  • La fotografía retrata perfectamente ese aire caluroso y denso de los estados del norte y las oficinas llenas de humo donde se decidía el futuro del país.
  • La banda sonora y la ambientación logran que te sientas caminando por Guadalajara en 1985 sin necesidad de salir de tu casa.

Lo que vino después del imperio de Guadalajara

Tras el cierre de las tres temporadas de Narcos México, el vacío en el catálogo de dramas criminales fue evidente, pero abrió la puerta a otras producciones que intentan seguirle el paso con historias similares. Vimos cómo surgieron relatos que exploran la vida de figuras femeninas en el mismo negocio o tramas más enfocadas en la actualidad tecnológica del tráfico. Lo que queda claro es que esta producción puso la vara muy alta en cuanto a narrativa y ritmo. Muchos seguidores se quedaron con ganas de más, analizando cada detalle de la tercera temporada donde el desorden se apoderó de las plazas tras la fragmentación del imperio centralizado.

Seguirle la pista a este tipo de producciones es fascinante porque nos ayuda a entender un poco mejor el pasado y cómo se formaron ciertas estructuras que todavía vemos hoy. La recomendación es verla con ojo crítico, disfrutando de la producción de primer nivel y de las actuaciones que marcaron un antes y un después en la televisión moderna. Si todavía no la has visto, te estás perdiendo de una de las mejores reconstrucciones de época que se han hecho en años, con una intensidad que te mantiene al borde del asiento y te deja pensando en cómo la ambición puede cambiar el destino de tantas vidas en un abrir y cerrar de ojos.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com