Mi libro no es tan malo como creía
Hace como diez años me entró la vena de escritora. Me senté frente a la computadora, me armé de paciencia y nació mi libro. Lo registré con todos los honores en derechos de autor, me visualicé en la FIL firmando autógrafos y… la realidad me dio una cachetada con guante blanco. El libro se quedó en el librero, acumulando polvo.
Siempre pensé que mi libro no es tan malo como creía, pero el miedo al fracaso y a las críticas me paralizaron. Lo guardé como un tesoro vergonzoso, una fantasía juvenil que nunca se hizo realidad. Hasta ahora.
¿Por qué pensé que mi libro no es tan malo como creía?
Mi libro, para ser honesta, es un desastre. Una colección de anécdotas graciosas (al menos para mí) sobre mi vida como mujer. Historias de amor fallidas, trabajos raros, encuentros incómodos y reflexiones existenciales dignas de un meme. ¡Un verdadero coctel molotov emocional!
Pero, ¿saben qué? A pesar de sus defectos, mi libro no es tan malo como creía. Tiene corazón, tiene alma, tiene esa chispa que te hace reír a carcajadas y suspirar al mismo tiempo. Es un reflejo de mi personalidad, de mis miedos, de mis sueños. Es, en esencia, una parte de mí.
¿Qué hacer cuando mi libro no es tan malo como creía, pero nadie lo lee?
La pregunta del millón. ¿Qué hacer con ese libro que escribiste con tanto amor, pero que nadie parece pelar? ¿Dejarlo morir en el olvido? ¿Usarlo como pisa papeles? ¡Claro que no!
Hoy en día, existen un montón de opciones para darle una segunda oportunidad a mi libro. Puedes autopublicarlo en plataformas digitales, compartirlo en redes sociales, leerlo en voz alta en un café literario o, simplemente, regalárselo a tus amigos y familiares.
Lo importante es que le des una oportunidad de brillar, de conectar con alguien, de hacer reír o reflexionar a alguien más. Porque al final, mi libro no es tan malo como creía, y quizás haya alguien por ahí que esté esperando leerlo.
Así que, si tienes un libro guardado en el cajón, ¡sácalo a la luz! No tengas miedo de mostrar tu trabajo al mundo. Nunca sabes quién puede encontrar inspiración, alegría o consuelo en tus palabras.
